Mazatlán, Sinaloa.- Cuando lo encontraron no podía siquiera sentarse. Permanecía postrado sobre su propio excremento en el suelo. Hacía días que Lalo no acudía a los comedores comunitarios de la colonia Esperanza, donde voluntarias le ofrecían desayuno. Lalo vivía en el abandono.

Alguien dijo que lo habían atropellado. Otros que le habían dado una golpiza. Así que acudieron a buscarlo al número 1300 de la calle 18 de Marzo, en la misma zona, justo a un costado del Panteón Municipal 3. Aún faltaba media cuadra para llegar y el olor ya anunciaba lo peor.

Vejez en el inframundo

Nadie en la cuadra se sabe su nombre completo, pero su casa, esa misma que pertenecía a la madre y que le vio nacer hace más de 60 años, se ha convertido ahora en una extensión del basurero municipal.

De acuerdo con los vecinos, son los maleantes quienes acarrean montañas de desechos al hogar de Lalo, además de apropiarse del espacio para consumir droga en el interior, y en ocasiones hasta agredirlo.

Futuro truncado

Concepción asegura que lo vio crecer a la par de sus hermanas, quienes en la adolescencia se mostraban atraídas por Lalo, pues era un joven, hogareño, al que le gustaba estudiar.

Estudiaba para electricista, una carrera técnica, era muy dedicado, pero murió su mamá, se enfermó más y ya se perdió eso, expresó.

Entre la esquizofrenia y el olvido

En medio de aromas fétidos y pequeños gusanos que salen de  unas manzanas podridas, Lalo canta, ríe y llora.

Lalo, ¿por qué escribes señales en las manos con tus dedos? “Porque así me comunico con Dios”, fue su respuesta antes de entonar una estrofa de El triste, de José José: “He podido/ayudarme a vivir,/he podido/ayudarme a vivir”.

El hermano ausente

Vecinos aseguran que  tiene un hermano, pero que rara vez le frecuenta.

Hace cuatro meses pagó para que lo bañaran y le limpiarán la casa, pero ya no volvió y ahora está peor, cuenta la señora Rayo, una de las voluntarias, testigo de la pesadilla diaria que vive Lalo.

DEBATE

Por ALF