Desde hace seis meses, los habitantes de Santiago Sochiapan, un municipio asentado entre los límites de Veracruz y Oaxaca, decidieron conformar la Policía Auxiliar Pueblos Unidos Contra la Delincuencia, para enfrentar a la delincuencia organizada que está sin control en la zona.

“Solamente muertos van a venir a hacer con uno lo que quieran aquí, porque aquí es donde vamos a morir peleando”, dice envalentonado por el respaldo del pueblo de Benito Juárez, uno de las autodefensas.

En julio pasado, a esta persona le desaparecieron a su papá y su hermano (Pedro y Alejandro Viveros), tras un ataque armado a las cabañas en donde se encontraba. Aquel evento, se convirtió en la primera vez que la Policía Auxiliar se enfrentaron a los delincuentes, que según cuentan iban acompañados de policías.

Pero ese fue solo uno de los múltiples hechos delictivos que se cuentan en la zona: las desapariciones, asesinatos, extorsiones, con el común denominador de la falta de acceso a la justicia, son historias que todas las personas pueden contar.

Santiago Sochiapan, un municipio sin ley

Santiago Sochiapan es un municipio colindante con Playa Vicente y el estado vecino de Oaxaca. La región es considerada la zona de influencia del Corredor Transísmico, una de las obras claves de actual administración federal.

De la región se escuchan historias como las persecuciones que se suscitó hace unos días de un convoy de 10 vehículos de ganado robado y que terminó con cuatro muertes y cuatro detenidos.

Pero poco se escucha de lo que viven las personas de a pie y cuyas vidas se han convertido en un infierno.

Como el caso del hijo y el yerno de Matilde González, a quienes un comando armado bajó del vehículo en el que viajaban rumbo a Playa Vicente.

Junto con ellos viajaba la hija de Matilde y sus nietos, a quienes dejaron vivir con la condición de que no presentaran la denuncia por la desaparición de las dos personas. Desde entonces no se sabe nada de ellos.

“Mucho miedo para que más que la verdad, queremos ir a Playa (Vicente) y no podemos, yo soy diabética y de la presión y quiero ir a checarme mi azúcar y no puedo porque tengo miedo, allá nos atiende pero cuando vamos nos atienden pero ahora ya tiene como tres meses que no he ido”, contó Apolonia Mendoza.

Al igual que ella ha dejado ir al médico, todos los y las jóvenes que estudiaban el bachillerato han dejado de ir a clases. Su vida vale más.

Vivir secuestrados

Cuando la noche comienza a caer, en los poblados a orillas de la carretera levantan las cadenas colocadas en todas las calles. Allí solo queda una vía de acceso que es la carretera principal patrullada por las autodefensas.

Desde que se organizaron han evitado que los delincuentes regresen a pedir las cuotas a quienes trabajan la tierra o a llevarse a las personas que habitan los entre siete y 10 pueblos de Santiago Sochiapan.

Para patrullar usan machetes, rifles de cacería y algunas armas largas que según cuentan, les han ido quitando a la delincuencia en sus diferentes enfrentamientos.

Pero las armas y la coordinación les han servido solo para tener un poco de tranquilidad, sin embargo las carreteras aún no son transitables y cuando el Ejército llega siguen suplicando que les regresen la seguridad que tenían antes de la llegada de la delincuencia organizada a la región.

“Nosotros somos campesinos, somos gente de trabajo, nos dedicamos a lo que producimos pero no podemos trabajar, tenemos que estar cuidándonos día y noche, hacemos fogatas, no podemos salir a trabajar ni alquilarnos siquiera, pedimos que nos ayude de alguna forma porque estamos haciendo el trabajo que debería hacer la policía”, sentenció el subagente municipal de uno de los poblados armadas de Santiago Sochiapan.

azdiario.mx

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Por ALF