“Ni perdón, ni olvido” se ha convertido en una de los emblemas más famosas que tenemos en la historia de nuestro país, pues está ligada a un acontecimiento que dejó una gran herida en la historia actual de México.

Las marchas sociales que dignifican el movimiento estudiantil y que recuerdan la matanza de inocentes el 2 de octubre son algo muy presenta para algunos, pero a muchas personas aún les resulta desconocido por qué en México esta fecha tiene un peso cultural muy grande.

Durante nuestras clases nos enseñan que el “2 de octubre no se olvida”, pero ¿realmente sabemos qué pasó en esa fecha y por qué no debemos dejar que caiga en el olvido? La historia que derivó en una masacre empezó con una pelea de estudiantes en el centro de Ciudad de México.

Durante el 2 de octubre, miles de personas se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco para asistir a un mitin pacífico convocado por el Consejo Nacional de Huelga, mientras eran vigilados por elementos de Ejército Mexicano ante el temor de que fuera asaltada la Torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Es importante destacar que los efectivos mandados por el gobierno contaban con el apoyo de dos helicópteros que vigilaban la zona. Además fue en este momento donde los miembros del Batallón Olimpia se infiltraron en la manifestación vestidos de civiles con un pañuelo o guante blanco en la mano izquierda como seña particular.

Cinco minutos antes de las 18 horas, se dispararon dos bengalas rojas y las 18 horas con 10 minutos, los francotiradores que estaban en el edificio Chihuahua vieron un helicóptero lanzar otra bengala roja y una verde, señal que marcó las horas más horribles para una manifestación pacífica, pues los elementos abrieron fuego confundiendo a los militares que estaban abajo para hacerles creer que los estudiantes habían agredido a los efectivos. Estos disparos fueron el inicio de una de las matanzas más crueles de la historia reciente y una de las que marcó la historia de la capital. Muchos de los asistentes trataron de salir del lugar y otros cuantos se escondieron en los departamentos de los inquilinos, pero esto no detuvo a los soldados, que, sin orden judicial entraba a los espacios habitacionales para capturar algunos manifestantes, jóvenes y cualquier persona que tuviera pinta estudiantil. Poco a poco la Plaza de las Tres Culturas se empezó a llenar de cuerpos, heridos y detenidos que además de ser violentados y despojados de sus ropas, fueron llevados al exconvento situado al lado de la Iglesia de Santiago-Tlatelolco. Lo mismo pasó con algunos periodistas que estaban en el lugar, pues las fuerzas del orden confiscaron rollos y cámaras para evitar alguna filtración de todo lo que pasó durante la noche del 02 de octubre. La matanza que se extendió hasta altas horas de la madrugada, tiene un saldo casi desconocido por el público, pero la misma tuvo eco internacional, pues aunque esto no afectó la realización de los Juegos Olímpicos (que estaban a 10 días de comenzar), pues el mismo COI (con sede temporal en el Hotel Camino Real) continuó con la justa al indicar que la violencia no era dirigida a la justa deportiva más importante del mundo. Posterior a la masacre El uso del aparato judicial para perseguir periodistas y líderes del movimiento estudiantil se extendió más allá de 1968. Pues al terminar los Juegos Olímpicos (que estuvieron llenos de controversias raciales y movimientos sociales), el gobierno se dedicó a negar la masacre ocurrida en Tlatelolco. Este capítulo de la historia nacional es algo que no se debe queda en el aire, pues “¡2 de octubre no se olvida!”, es el grito contra la impunidad que año tras año se recuerda en México, en la voz y conocimiento de cientos de estudiantes que conmemoran la trágica noche de Tlatelolco, abriendo las heridas del recuerdo para evitar la amnesia colectiva a pesar de los años.

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Por ALF