El tema no era nada nuevo, pero se diferenciaba en que el autor lo enfocaba desde un punto de vista de la lectura más emotivo que intelectual. La lectura es un hábito del que a menudo disfrutamos a solas y en silencio, cuando leemos suceden cosas en nuestro interior que transcienden la parte mental y tocan de lleno nuestras emociones.
Leer tiene la capacidad de hacernos sentir, aunque también tenga una gran parte de conocimiento. Los libros nos llevan a empatizar con un personaje, a odiar a otro, a llorar cuando alguno muere o le pasa algo malo, a enfadarnos, entusiasmarnos, enamorarnos o sentir ansiedad, en definitiva, la lectura nos puede despertar casi cualquier emoción. Por eso no se puede obligar a alguien a leer, sería como estar obligando a alguien a que sienta algo que no siente y ya sabemos que eso no es posible.
Sin embargo, en cuanto a la lectura, los lectores tenemos todos los derechos. Es esto lo que les debe quedar claro a los jóvenes a los que pretendemos iniciar en la lectura, no se puede obligar a nadie a amar a algo o alguien, pero sí se puede ayudar a despertar el sentimiento.
Pennac optó por recuperar esa condición lúdica de los libros, el amor que puede llegar a rodearlos y que nace espontáneamente –porque no puede ser de otra forma– cuando se descubre con sorpresa todos los dones que la lectura ofrece.
Nathan Dumlao
El ensayo completo de Pennac es un gran elogio de amor a la lectura. En su capítulo 57 incluyó un breve decálogo que desde su publicación ha sido como el estandarte no solo del libro mismo sino, en general, de una postura específica con respecto a leer. Escribe Pennac sobre los derechos de las personas que leemos:
- El derecho a no leer
- El derecho a saltarnos páginas
- El derecho a no terminar un libro
- El derecho a releer
- El derecho a leer cualquier cosa
- El derecho al bovarismo
- El derecho a leer en cualquier sitio
- El derecho a hojear
- El derecho a leer en voz alta
- El derecho a callarnos
Lo dice el autor al inicio de su libro en toda una declaración de intenciones, «el verbo leer es uno de esos pocos verbos que no soportan el modo imperativo, como amar o soñar. A nadie se le puede decir “lee”, de la misma manera que a nadie se le puede ordenar que ame o sueñe». Son, como decíamos antes, acciones espontáneas, que o nacen sinceramente del corazón o no nacen.
Anthony Tran
Como vemos, Pennac entiende la lectura, al igual que lo hacía Borges, como una actividad esencialmente hedonista. Leer por el puro placer de hacerlo. Leer porque nos gusta. Leer lo que nos gusta. Leer como podamos y queramos, ¿hay mayor placer?
Crédito: culturainquieta.com
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