Marco Antonio Cruz, maestro del fotoperiodismo mexicano, recibirá la Medalla al Mérito Fotográfico

El reconocido fotógrafo que este 2017 celebra 40 años en el oficio, será galardonado por el INAH en el marco del 18° Encuentro Nacional de Fototecas. Una retrospectiva de su trabajo titulada Relatos y posicionamientos, se expone hasta el 24 de septiembre en el Centro de la Imagen

Vestido de oscuro frente a las blanquecinas paredes del departamento de fotografía del semanario Proceso, Marco Antonio Cruz luce tan contundente como una imagen en blanco y negro. Con 40 años en el oficio, su nombre es ya indisociable a la historia del fotoperiodismo mexicano y más bien sobran motivos para que este año sea uno de los galardonados con la Medalla al Mérito Fotográfico, por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Dos terceras parte de su vida han estado vinculadas a su pasión por la fotografía y al ejercicio de la crítica social a través de ella, como lo podrá constatar quien visite su exposición retrospectiva Relatos y posicionamientos, en el Centro de la Imagen hasta el 24 septiembre.

La cereza del pastel es el reconocimiento que le otorgará —junto con sus colegas Eniac Martínez y Lourdes Almeida— una “institución que quiero y respeto mucho que es la Fototeca Nacional. La meca de la fotografía en México”, como la califica, en el marco del 18° Encuentro Nacional de Fototecas, el próximo jueves 24 de agosto, en Pachuca, Hidalgo, la Ciudad de Luz y Plata.

Con 50 pesos en el bolsillo, Marco Antonio Cruz llegó hace 43 años de su natal Puebla a la capital del país. Desde los cuartos de azotea de la colonia Roma, donde llegó a vivir en sus inicios, la Ciudad de México se le abrió como un mundo de realidades infinitas.

Su formación en artes plásticas, particularmente en pintura, le sirvió para asistir a un célebre escultor que en sus noches de bohemia organizaba fiestas en su casa; ahí conoció a lo más granado del ámbito cultural del país, incluido un “fotógrafo de calle” demasiado respetado llamado Héctor García, que tras ver algo de su trabajo lo invitó a trabajar con él.

Resumiendo, dice Marco Antonio Cruz con voz cavernosa, “empecé a trabajar con Héctor García, pero también para la prensa del Partido Comunista que fue muy importante porque ahí adquirí una visión social de mi país. La formación visual en una escuela de artes plásticas, las lecciones con Héctor García y ver el trabajo de tantos otros, como Nacho López, Mariana Yampolsky, obviamente Eugene Smith; tener una perspectiva social, fueron factores para formarme como fotógrafo”.

Como él mismo expresa: “Logré conocer la Ciudad de México a otro nivel, uno más íntimo, más fuerte, más duro. Esos años de formación me enseñaron cómo retratar a una ciudad”. La hizo su hogar a fuerza de caminarla y capturar sus rescoldos habitados por personajes a la sombra: parejas de enamorados en fila  en el bajo puente del Estadio Azteca, un hombre de elegante silueta al interior del ‘Buencafé’, cruces y grúas que ascienden al cielo en la representación de La Pasión de Cristo en Iztapalapa, niños jugando fútbol en la verticalidad iluminada de la calle República de Nicaragu.

INAH

Por ALF