Papantla, Ver.- Son casi las seis de la mañana y Doña Nicolasa García está por salir de su casa. En su tina ha echado calabazas, chonacates, mesis, pulacles y unos cuantos elotes para salir a vender. No hay más, su milpa que ha sembrado atrás de su casa está casi seca, pues no ha llovido desde hace mucho tiempo.

“Apúrate chamaca”, grita Doña Nico a su nieta María, una jovencita de apenas 11 años que la acompaña un poco somnolienta pues no acostumbra a levantarse tan temprano, y menos ahora que aún está de vacaciones.

“Ya voy ma, orita”, dice la chiquilla que se acomoda su short de mezclilla, una blusa y unas chanclas llenas de polvo y rastros de un poco de lodo desde hace mucho tiempo, pero que por su pereza no los ha limpiado.

La canícula está en todo su esplendor. La temperatura aún es agradable a esa hora pero saben lo que les espera en su largo caminar por las calles de Poza Rica a donde van a ir a vender, aun cuando sea domingo y lo que es peor, a esta hora.

La Grandeza, donde viven, es una comunidad de Papantla, con al menos 900 habitantes donde el 80 por ciento son indígenas que hablan la lengua madre y el castellano. Un 0.58% de su población no habla el español.

En un “costalito” echan tres tamalitos y una botella de agua para el camino. Unas monedas que se acomoda Doña Nico en el brasier, como acostumbran las mujeres del rancho, como una medida seguridad para que no se las roben.

Cargan con lo poco que tienen y bajan a la carretera para esperar el taxi para ir a Poza Rica. Por cada una les cobran 15 pesos. Ya son 30 pesos que se gastaron en ese momento y que deben recuperar al igual que los otros 30 pesos para regresar hasta muy tarde a su comunidad.

La Grandeza y sus “grandes” obras.

En el camino observan una construcción entre el zacatal. Es una planta tratadora de agua erigida en la administración de Jesús Cienfuegos, está semi abandonada. Fueron muchos millones de pesos los que se destinaron para  esta obra que no ha servido de mucho.

Más arriba, a media calle se aprecian unos “hoyancos”. Es el drenaje que mandó a introducir Marcos Romero y que “tronó” ante el paso de camiones con exceso de peso hacia los pozos petroleros. Nunca lo mandaron a arreglar y mucho menos alguien pagó por estas obras de mala calidad.

Además, María ve a la orilla del camino la tubería PVC donde hay innumerables fugas de agua. Es el famoso sistema Múltiple La Grandeza donde la administración de Javier Duarte “destinó”, 60 millones de pesos y que desde hace más de 10 años no ha funcionado como debiera.

En el trayecto, el taxista, de Poza Rica, uno de los tantos que ofrecen el servicio “tolerado” por Transporte Público a cambio de un moche, escucha la canción “El color de tus ojos”, de la Banda MS, que dice más o menos así…

El color de tus ojos,

despertó mi interés,

y solo tengo ganas,

de verte otra vez.

dime que no está prohibido,

quizá me animo,

y te pido verte el sábado a las 10…”

“El calorón” de Poza Rica

Ya en Poza Rica, media hora después, se bajan en la “Petro”, y comienza su peregrinar. Aún es temprano y la gente todavía no se despierta. Solo en la zona comercial de ese sector, cerca de la Iglesia de Fátima hay movimiento. El parque lleno de basura y algunos “borrachitos” ahí siguen durmiendo. En la cantina “La faja de oro” aún hay música de desmañanados.

Hay más “Marías” que ya están ahí. Venden poco, hay quienes traen más cosas como carambolas para el agua, jobos que todavía están caros y chiquitos porque no ha llovido. La cubeta está en 400 pesos y el litro de agua en 15 o 20 pesos. También traen atole morado, que dicen es bueno bien frío para la “cruda” de la fiesta del sábado por la noche.

Venden zacahuil a 30 pesos. La verdad está sabroso, prueba de ello es la fila de personas que se hace para comprar. Ya aprovecha la gente para pasar con Nochebuena por un chicharrón o medio kilo de carne para el almuerzo, con unas enchiladas, ahora de tomate que está barato, a diferencia del chile piquín que vale 250 pesos el kilo, “porque no hay machi”, dice Doña Nico que junto con su nieta se enfilan por la calle Las Choapas, rumbo al Campo Tres.

En el trayecto comienzan a ofrecer su producto, “ ¡machi, no compras chonacate, pulacles, elotes, mesis, chile verde, atole morado, papaya,  cilantrooooo!”. Son muy pocas cosas las que traen, porque no hay para más. La tierra está muy seca y no se dan las cosas en el campo.

“No ha llovido”, reitera Doña Nico, quien cerca de las 12 del mediodía se detiene a descansar en casa de Doña Vale, en la Zapata, bajo la sombra de un árbol de carambola.

Saca su costalito y comienza a comer sus tamales con el agua ya caliente a esa hora, pues la temperatura anda por los 35 grados centígrados. Ha sido poca la venta, apenas si ha vendido unos cuantos pesos y le preocupa que tiene que pagar otros 30 pesos más para regresar a La Grandeza.

Corre un mototortillero y lanza un atrevido beso a su nieta. La chamaca baja la mirada, pero de reojo alcanza a ver al mozuelo, pantalón despintando, zapatos de punta todos enlodados, una playera sucia y su cachucha de reggetonero que pulsa el claxon a todo lo que da y a prisa sube la cuesta de la calle Adolfo López Mateos.

Comen poco, no les sabe la comida y mucho menos el agua caliente. En su escaso español y con la característica forma de hablar el castellano por parte de un indígena tutunakú, se despiden…”ya me voy machi” y siguen su camino ahora hacia la colonia Ochoa con su clásico…”¡machi, no compras chonacate, pulacles, elotes, papaya, atole morado y cilantroooo!

Por Pascual Hernández Hdez.

Fotos de Rafael Rodríguez Ávila

Por ALF