El 30 de abril de 2025, una explosión en una fábrica de aerosoles en la colonia Álamo Industrial, en los límites de Guadalajara y Tlaquepaque, sacudió no solo los edificios aledaños, sino también la conciencia pública sobre los riesgos de la negligencia industrial. Lo que comenzó como un incendio rutinario se convirtió en un infierno de llamas y explosiones, dejando un saldo de 26 heridos, una vivienda destruida y tres personas desaparecidas. La tragedia, que pudo evitarse, expone fallas críticas en regulación, mantenimiento y respuesta ante emergencias.
Como en muchos incidentes de esta magnitud, las fallas comenzaron a encadenarse una tras otra. El siniestro inició alrededor de las 15:00 horas en una fábrica de aerosoles y químicos, donde sustancias inflamables almacenadas sin protocolos adecuados desencadenaron múltiples explosiones. Los fuertes vientos propagaron el fuego a tres fábricas cercanas, generando una columna de humo tóxico visible desde kilómetros de distancia. Las autoridades declararon una emergencia atmosférica, advirtiendo a la población evitar actividades al aire libre debido al riesgo de intoxicación.
Aunque más de 720 elementos de emergencia y 226 vehículos acudieron al lugar, el fuego tardó horas en ser controlado al 85%. La evacuación de 600 personas en un radio de tres kilómetros reveló la falta de planes de contingencia claros para zonas industriales densamente pobladas. Además, la evaluación tardía de daños estructurales en viviendas afectadas dejó a varias familias en incertidumbre sobre su seguridad y patrimonio.
Este desastre evoca el abandono de instalaciones críticas como las de Pemex en Poza Rica, donde la falta de mantenimiento ha causado fugas y explosiones. En el Álamo Industrial, la ausencia de auditorías de seguridad y la proximidad de viviendas a zonas de alto riesgo —como la colonia La Barita, por mencionar un ejemplo— repiten un patrón mortal: la ausencia de protocolos de seguridad.
Hoy, sin duda alguna, nos encontramos en un punto de partida en el que la inversión en instalaciones ya no es una opción, sino una necesidad. No hace falta ser un experto para ver la corrosión en las estructuras, las “mexicanadas” que los trabajadores implementan para mantener operativa la maquinaria bajo un concepto de austeridad mal aplicado. Cuando ocurra lo que nadie quiere —un nuevo accidente—, la inversión para reparar el daño será mucho mayor. Así de mal diseñadas están las estrategias para con la empresa, y esto sin duda repercutirá en una ciudad que creció en simbiosis con la industria.
Nos leemos el próximo lunes.
@llamada de emergencia
