Poza Rica, Ver.- Procedentes de diferentes puntos de la región, decenas de familiares llegan a diario al Centro de Reinserción Social (Cereso) Poza Rica, con la esperanza de ver al menos por algunos momentos a las personas privadas de la libertad para entregarles alimentos, pues el contacto físico y las visitas se mantienen prohibidas desde hace casi 8 meses para prevenir contagios de Covid-19.
“Esto ya es muy desesperante para nosotros y más para ellos. No podemos estar con ellos. Es una tristeza, pero lo entendemos porque es un riesgo”, señala una mujer de baja estatura, mientras hace fila en la puerta del reclusorio con dos bolsas con comida para su hijo, preso por robo.
El acceso es solamente hasta el área de locutorios, de 9 de la mañana a las 4 de la tarde en horario corrido los jueves y domingos, y de 9 a 12 y de 2 a 4 el resto de la semana, explica un elemento de seguridad.
“Las visitas familiares están suspendidas desde el 16 de marzo por disposición oficial para protección de la salud de las personas privadas de la libertad (PPL), ese es el término correcto”, comenta a la vez un funcionario del reclusorio, quien pide anonimato, pues no se les permite entrevistas con medios de comunicación.
El Cuaderno Mensual de Información Estadística Penitenciaria Nacional revela que más del 50% de los 17 centros penitenciarios de Veracruz tienen sobrepoblación, siendo el Cereso Poza Rica, ubicado a un costado del Palacio Municipal, el de mayor hacinamiento.
El pequeño edifico fue construido en 1965 inicialmente para albergar la cárcel municipal, pero con los años se convirtió en reclusorio regional con capacidad para 265 PPL, pero en la actualidad tiene 344, es decir, casi 34% más, de las cuales 21 son mujeres, añade el funcionario.
“Cuando traen alimentos a las PPL, se sanitiza todo lo que se recibe y un custodio lo revisa y lo entrega. No hay contacto con la visita. Está prohibido y es parte del protocolo. Adentro hay cabina sanitizante, dispensadores de gel en todo el Cereso y en las oficinas administrativas. Tres veces a la semana se sanitiza. Se cumplen todos los protocolos de Salud. Recientemente vino a supervisar el delegado regional de Derechos Humanos, Tonatiuh Hernández Sarmiento”, agregó la fuente.
Asimismo, aseveró que no existe ninguna PPL con síntomas de Covid-19 en este centro de reclusión, aunque los familiares manifiestan preocupación.
“Sí nos da miedo que se nos vayan a enfermar de eso (Covid-19) nuestros familiares. No los vemos desde hace meses y solamente nos podemos comunicar por teléfono, pero no mucho porque no siempre les podemos llamar”, abundó la mujer bajita, quien ya no pudo seguir comentando más, pues fue llamada para entrar a dejarle comida a su hijo, quien convive en el pequeño Cereso con otros 343 segregados de la sociedad por diferentes delitos, y ahora más separados de su familia por la pandemia de Covid-19.
Por Hipólito Moreno Tapia
Fotos: Carolina Bonilla Segura
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