Xicotepec de Juarez, Pue.- Los alcaldes, Guadalupe Vargas Vargas de Xicotepec y Gustavo Vargas Cabrera de Huauchinango, reaccionaron con puntualidad al llamado de la emergencia sanitaria, pues redujeron al máximo la actividad de sus ayuntamientos y buscaron desactivar el comercio. Sin embargo, la respuesta de la población ha sido el hacer poco caso a las recomendaciones para evitar los contagios de Covid–19.
Algunos observadores de la zona estiman, sin que se tenga algún instrumento de medición, que el 80 por ciento de la población no estaría en la dinámica de protegerse del contagio del coronavirus. Prevalece la falacia de que la Sierra Norte está ausente de los focos de propagación de la pandemia.
Lo curioso de este comportamiento, es que los municipios pequeños si han reaccionado positivo a los cuidados sanitarios, incluso llegándose a comportamientos extremos, como en Pahuatlán en donde se había instalado un retén para evitar la entrada de turistas o personas ajenas a la comunidad. Ese centro de revisión se quitó luego de que una funcionaria de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla pasó por la zona y exigió que se retirara el puesto de control, por ser una violación a las garantías individuales.
Honey es otro pequeño municipio en donde se ha buscado frenar la entrada de personas que no son oriundas del pueblo, como una medida de impedir los llamados contagios comunitarios. Es cierto que no es correcto el violar derechos constitucionales, pero al mismo tiempo esas medidas reflejan un mayor interés de los pobladores de pequeñas comunidades de frenar la pandemia, que contrasta con la incredulidad de la gente en las grandes cabeceras municipales de la región.
En Xicotepec y Huauchinango de poco sirvió que las iglesias cancelaran reuniones masivas, que cerraran los ayuntamientos, que los alcaldes hicieran campañas en medios de comunicación e instalaran módulos de información.
La mayoría de la población ha seguido haciendo sus actividades en la vía pública y el grueso del comercio, se ha negado a cerrar sus puertas.
Incrédulos pese a casos de Covid-19
















