Los confesionarios donde varias generaciones de belgas admitieron sus pecados están ahora apilados en un rincón de lo que alguna vez fue la Iglesia del Sagrado Corazón, prueba de que estos muebles, así como la casa de culto católico donde se encuentran, han dejado de cumplir su propósito.

El templo permanecerá cerrado durante dos años mientras se construye una cafetería y un escenario para conciertos, con el fin de convertirlo en “un nuevo centro cultural en el corazón de Malinas”, casi al alcance de la vista de donde vive el arzobispo de Bélgica. A la vuelta de la esquina, una antigua iglesia franciscana es ahora un hotel de lujo donde la estrella de la música Stromae pasó su noche de bodas, entre vidrieras.

En toda Europa, el continente que alimentó el cristianismo durante la mayor parte de dos milenios, muchas iglesias, conventos, monasterios y capillas permanecen vacíos debido a la disminución de creyentes y visitantes en el último medio siglo.

“Esto me duele, no lo negaré. Por otro lado, no hay vuelta posible al pasado”, declara Johan Bonny, obispo de Amberes, a The Associated Press. Ahora, cada vez más que nunca, lo que fueron estructuras sagradas se están reutilizando con actividades no religiosas para potenciar su uso, desde tiendas de ropa y paredes de escalada hasta clubes nocturnos.

Por ALF