Hablamos, en la conversación, de un hipotético caso de cáncer. «No quiere decir que con tomarlo te va a curar al día siguiente, pero sí ayuda mucho», dice. «No choca con quimioterapias ni con radioterapias, es totalmente seguro, pero es un tratamiento complementario».

La promesa es la base por la que Horux Lab, laboratorio con sede en Monterrey, vende sus suplementos basados en grafeno (aunque tiene otros más, incluso hasta contra COVID-19). Según el catálogo de la empresa el grafeno puede regenerar órganos como pulmones, páncrear y riñones; pero mezclado con oro puede ser útil para localizar tumores y eliminarlos.

Todos los argumentos suenan curiosamente familiares con el caso de Diana Quiroz, la joven emprendedora que hace un par de años tomó notoriedad por haber sido seleccionada para acudir a Suecia a la entrega de premios Nobel. Quiroz, en aquel entonces, dijo que había conseguido investigación que demostraba la eficiencia del grafeno con fines terapéuticos. Cofepris no estuvo de acuerdo.

Aunque en nuestras vidas desde hace un buen tiempo, nunca habíamos volteado a ver tan bien al grafeno como a partir de hace una década. Compuesto únicamente por átomos de carbono, el grafeno es un material bidimensional más resistente que el acero, más conductor que el cobre (ese descubrimiento le valió el Nobel a Anre Geim y Konstantín Novosiólov en 2010) y sumamente ligero.

Aunque se vislumbra como el elemento que puede revolucionar las baterías en smartphones, tal y como las conocemos, su manipulación no es nada barata, y la investigación en torno a los potenciales usos del grafeno continúan.

Horux Lab basa sus promesas en un estudio publicado en 2015 que arroja evidencia por la que el grafeno podría adherirse a tumores para su reducción. La investigación, aunque tiene cinco años de haberse publicado, no se ha traducido en productos con aval médico para ser un tratamiento contundente y sobre todo, probado.

Diana Quiroz pensó que sí. Sin aval de la Cofepris, su familia y la recién egresada del Instituto Tecnológico de México comenzaron a vender suplementos basados en grafito en 2018 bajo el nombre del laboratorio Alquimex. La atención de los medios (muchos sorprendidos por la «hazaña») fue tal que llamó la atención de autoridades sanitarias que al constatar la falta de permiso de Cofepris clausuró el lugar.



Por ALF