Tuxpan, Ver.- El gran sismo de 5.6 grados Richter, ocurrido frente a la costa de Tuxpan, el 23 de mayo de 2007, sacó a la luz la existencia de una serie de fallas geológicas en la llamada Cordillera Ordoñez, lo que podría dar pie a nuevos terremotos en todo el Norte de Veracruz y sur de Tamaulipas.

Eran las 14:09 horas cuando se empezó a sentir un movimiento telúrico de gran intensidad, que sólo provocó daños menores en construcciones. El epicentro fue frente a la costa de Cabo Rojo, por lo que se temía un efecto de Tsunami y se aplicaron los protocolos preventivos, aunque el oleaje estuvo dentro de lo normal.

Los investigadores de la UNAM, Gerardo Suárez y Astrid López, en su investigación de la Sismicidad en el Sudoeste de Golfo de México, analizaron el sismo de Tuxpan y consideraron que este evento se llevó a cabo debajo de la Cordillera Ordoñez, a una profundidad focal de 7 km. “Esta profundidad focal superficial contrasta fuertemente con los terremotos más profundos del sur”.

Pero, antes de este gran sismo, había ocurrido otro frente a Cabo Rojo, el 28 de julio del 2002, con una magnitud de 4.0 en la escala Richter. Por lo anterior, se considera que un fenómeno de subducción de la Placa de Cocos, reactivó una falla en la Cordillera Ordoñez.

Los movimientos telúricos que se están originando frente a la costa de Tuxpan y Tamiahua, no tan solo representan una amenaza para esta ciudad, sino también para Tampico, donde también se sienten con intensidad los sismos con epicentro en esta área.

El Doctor Zoltan De Cserna, del Instituto de Geología de la UNAM, desde 1984 propuso que el suroeste del Golfo de México está experimentando un proceso de deformación tectónica activa y argumentó que la cordillera Ordoñez, está bruscamente truncada al sur de 20.50 Norte.

Los investigadores, consideraron que evaluar la actividad sísmica de esta región y comprender su origen tectónico, es fundamental para estimar el peligro sísmico local.

Por ALF