Poza Rica.- Mientras la popularidad del gobierno cae mes con mes, el coordinador de Comunicación Social, Iván Joseph Luna Landa y su equipo continúan con el exceso de gastos en viáticos, automóviles nuevos y oficinas de lujo en la capital del estado.

Esta oficina le ha quedado muy grande, ya que el Gobierno del Estado renta ahora un edificio completo para Comunicación Social, en lugar del piso que ocupaban los anteriores gobiernos, en una muestra clara de derroche de recursos.

En septiembre pasado el gobernador Cuitláhuac García Jiménez, en el lugar 11 contaba con la aprobación de más de 4 de cada 10 veracruzanos, pero para marzo de este año cayó al lugar 21, y ahora apenas 3 de cada 10 ven bien su gobierno, de acuerdo a encuestas de consultorías nacionales.

La descalabrada en la popularidad se debe en gran parte a la mala estrategia del titular de la Coordinación General de Comunicación Social (CGCS), Iván Luna Landa, quien no ha podido hacer frente a la crisis de imagen que enfrenta la administración estatal.

Iván Luna no ha sido un buen asesor de imagen, ni mucho menos ha podido contrarrestar la oleada de críticas en redes sociales contra su jefe inmediato, quien ha tenido que pagar los experimentos de Luna al frente de una dependencia tan relevante.

La columnista Guadalupe H. Mar retoma el comentario de Roy Campos, quien señala que actualmente se conoce más al gobernador por las cosas que hace mal, que por aquello positivo. “No se habla de lo positivo, siempre de lo negativo”, agrega.

Un caso obvio es Poza Rica, donde el gobierno del estado ha invertido bastante en obra pública, pero no alcanza para contrarrestar los puntos negativos, aunque sean menores; ni siquiera el secretario de Salud, Ramos Alor, dejó una buena imagen en su última visita a la ciudad.

La estrategia de Luna Landa no da resultados, ha alejado al gobernador de la prensa (aun antes de la pandemia) y como funcionario evita el contacto con periodistas, ya que ha designado a Lázaro Espinosa para tratar con reporteros y no hacerlo él, muestra de la falta de empatía y servicio, que debería tener cualquiera en la función pública.

Por ALF