Tihuatlán, ver.- Por años, vecinos de la colonia San Juan han soportado los nauseabundos olores que emanan del canal de aguas negras, donde descargan todos los desechos líquidos que resultan de la matanza en el rastro que administran los granaderos.
Ayer al medio día, el arroyo estaba saturado de sangre y vísceras producto del sacrificio de animales. La corriente era roja, y los zopilotes se daban gran festín, lo que para decenas de familias que habitan en esa zona representa un espectáculo denigrante para la importancia del municipio, además de que el grado de contaminación es excesivo tanto para el agua, tierra y aire.
La señora Regina, vive exactamente frente al lugar más crítico del afluente, y frente a su casa es donde las aves de rapiña sobrevuelan el área o se alimentan de esa carroña.
POR SABINO BAUTISTA JUÁREZ

