Al mediodía del jueves 17 de enero, ni un minuto antes ni uno después, sonó en la sala Emilio Carballido del Teatro Ignacio de la Llave el son jarocho El cascabel, interpretado por el Mariachi Universitario. No se trataba de una más de las presentaciones de la emblemática agrupación, sino el inicio del homenaje de cuerpo presente que se le rendía a Arturo Meseguer Lima, actor, músico, promotor, gestor cultural y, hasta la madrugada del pasado miércoles, director general de Difusión Cultural de la Universidad Veracruzana.
Familiares, amigos, docentes y la comunidad artística presente, desconcertada, en un principio no brindó aplausos, como sí sucede en este tipo de ceremonias. El dolor era notorio. La mayoría de los ahí reunidos, de una u otra manera, había convivido con el homenajeado.
Aunque la actriz Juana María Garza tomó el micrófono para iniciar lo que ella misma anunció como una fiesta, tuvieron que pasar 45 minutos para que se oyeran los aplausos, la música de concierto, el jazz, la marimba y los sones; para que se pudiera ver desde danza contemporánea hasta folklórica, a cargo de agrupaciones de la UV, pero también de familiares y artistas independientes, quienes estaban ahí, igual que funcionarios y directores de institutos, para hacer la guardia y despedir al amigo, que fue llevado a su última morada mientras se escuchaba La Bamba.
LA SIEMBRA
Los encargados de los discursos fueron Octavio Agustín Ochoa, Rey Alejandro Conde y William Villatoro. Rememoraron la formación, el quehacer artístico y labor de promoción y gestión cultural de quien “fue el tío raro, loco, que hace su trabajo pero parece que siempre está de fiesta, que va de un lugar a otro y que cuando eres pequeño te hace pensar ‘qué ganas de ser cómo él, y qué miedo también…”, dijo su sobrina Shantal Meseguer, quien le agradeció que fuera un hombre tan empecinado en hacer lo que quería, por no cansarse de debatir, por salirse de lo normal, por no hacer lo que los demás, por salirse de la academia para irse a la calle, viviendo cada día con intensidad.
Enrique Pineda, quien envió una carta que fue leída por Juana María Garza, compartió recuerdos de lo que juntos hicieron en el ámbito teatral, actividad a la que también se refirió Luis Mario Moncada.
No tuvo tiempo para imponer el modelo a todo el sector cultural, pero el ejemplo está, así como los primeros frutos. No necesita Arturo depositar sus cenizas bajo un árbol frutal. Su semilla ya está germinando entre los estudiantes que ayer y hoy lo despiden entre sones y otros ritmos. Ahora toca a los demás recoger la siembra y seguirla cultivando. Él ya puede descansar”.
