Junto con su familia elabora 20 metros de dulce de coco sabor crema de cacahuate con lechera
Por Mónica Tejeda Hernández
Tecolutla, Ver.- En Tecolutla, la tradición tiene nombre y rostro. Don Andrés Pérez Santiago ha dedicado siete décadas de su vida a la elaboración del dulce de coco, un oficio que no solo define su historia personal, sino que también forma parte del patrimonio cultural del municipio. A sus 80 años de edad, continúa activo y al frente de su familia, lista para participar en el Festival del Dulce de Coco más grande del mundo.
Desde muy temprana edad, don Andrés aprendió la receta de manos de su madre, Maura Santiago Juárez, quien le inculcó el amor por el coco y la paciencia que exige su preparación. “Desde niño empecé a vender dulce aquí”, recordó, al explicar que este trabajo se convirtió con el tiempo en una herencia viva que hoy comparten hijos, nietos y sobrinos.
Siete décadas de experiencia al fuego lento
Con 70 años de experiencia, don Andrés sigue involucrado en cada etapa del proceso. Este fin de semana, junto con su familia, inició labores desde las 6:00 de la mañana, cuando comenzó la elaboración del dulce monumental. El sabor que les corresponde este año es crema de cacahuate con lechera, una receta que han perfeccionado durante más de 30 años.
Mientras algunos equipos conservan la cutícula del coco para tonos más oscuros, la familia Santiago la retira cuidadosamente para lograr un dulce blanco, distintivo de su preparación. “El secreto es no escatimar ingredientes y respetar la receta”, explicó, subrayando la importancia del azúcar y la leche para lograr la concentración y el sabor adecuado.
Tradición que se comparte
El puesto de la familia Santiago se instaló sobre la calle Hidalgo, donde además del dulce monumental ofrecerán variedades de piña, leche, café y cacahuate. La jornada se extenderá hasta la noche, cuando se realice la medición oficial del dulce más grande del mundo.
Don Andrés aprovechó para invitar a visitantes y turistas a conocer Tecolutla, un municipio que, dijo, ofrece tranquilidad, playas limpias, laguna y río, además de una celebración que reúne música, baile y gastronomía tradicional.
Más allá del festival, la historia de don Andrés es la de una vida entera dedicada a preservar una tradición que se transmite de generación en generación. Sus 70 años haciendo dulce de coco son testimonio de constancia, identidad y amor por Tecolutla, un lugar donde el pasado y el presente se unen en cada cucharada.

