“DISPARA PRIMERO, PREGUNTA DESPUÉS”ESTO PARECE CUENTO

Absurdas respuestas de la gobernadora de Veracruz. Pensar en la idea de un “fuego cruzado” es reprobable. La camioneta de la doctora Bertha fue rafagueada y el ataque muestra disparos dirigidos directamente al asiento del piloto. Se confundieron, fue un error. Simple. Pero cuesta reconocerlo. No necesitamos ser expertos en balística para saber que la Policía tiene el adiestramiento para neutralizar de manera efectiva un vehículo en movimiento. Fueron certeros, solo que el automóvil no era el que perseguían.

Las doctoras Bertha y Cristina no quedaron en medio de una refriega; no fueron una ni dos balas perdidas. En la camioneta de las dos médicas quedaron las marcas de una lluvia de plomo. Las declaraciones de la víctima sobreviviente, a las que tuvo acceso La Opinión de Poza Rica, revelan que Cristina fue testigo de cómo la patrulla se emparejó y, sin mediar palabra, les dispararon. Ellas solo disfrutaban de un viaje en carretera durante su día de descanso, regresaban del puerto de Veracruz y jamás pensaron en este final.

Al menos merecían palabras de consuelo a la familia, pero la gobernadora prefirió callar, denostar a la familia, tachar de mentira su sentir y decir que no eran familiares directos, cuando sus tíos eran lo más cercano que la doctora Bertha tenía.

DISPARAR: DECISIÓN DIFÍCIL

El tiempo de respuesta en estas situaciones es vital; cada segundo cuenta y no disparar a tiempo puede marcar la diferencia entre vivir o morir. De acuerdo con la compañía estadounidense VirTra —líder mundial en simuladores de entrenamiento—, un policía tarda en promedio 0.62 segundos en procesar una amenaza, decidir disparar y realizar el primer tiro si la decisión ya está tomada; este tiempo puede duplicarse bajo escenarios de alta complejidad.

Al leer el manual de Formación y Desarrollo Policial, de Sebastián Muñoz Ramos, un intelectual de la Policía de Investigaciones de Chile, destaca que el estrés marca una diferencia importante en la toma de decisiones. Incluso, enumera una serie de reacciones fisiológicas que ocurren en una situación de combate, entre ellas la visión de túnel y la alteración de la respiración, factores que determinarán la capacidad de resolución de los elementos policiales.

Si la patrulla de la SSP de Veracruz aquella tarde hubiera alcanzado a la camioneta Ford Escape que robaron instantes atrás en Tihuatlán, en lugar de la Volkswagen Tiguan de las doctoras, hoy quizás el enfrentamiento ya no sería noticia. Pero el destino es cruel para ambas partes. Hubo una mala decisión y tiene que castigarse. No solo a los elementos, la responsabilidad debe recaer en quienes están a cargo de la capacitación y selección de los policías que cuidan a los veracruzanos.

Muñoz Ramos detalla en su manual que las reacciones fisiológicas bajo estrés pueden dominarse con capacitación, no solo para cuidar la integridad del policía, sino también la de personas inocentes: “Permitirá al oficial disponer de mejores recursos de reacción en la eventualidad de un conflicto, aumentando las posibilidades de sobrevivir y preservar la vida de los demás”.

Ahora, el error en la autopista México-Tuxpan denota que todavía falta bastante quehacer en torno al adiestramiento de la Policía Estatal de Veracruz. Es necesario valorar si el tiempo o la calidad de la instrucción de los elementos en El Lencero es el adecuado, porque, hasta hoy, todos podemos pensar con certidumbre que los policías estatales (ya bajo investigación) actuaron de manera impulsiva y violenta, aplicando drásticamente aquella frase “Dispara primero, pregunta después”. Lamentable.

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