PYEONGCHANG, Corea del Sur (AP) — Un niño había quedado huérfano en Puerto Vallarta. Las estupendas playas de esa localidad mexicana habían atraído a un matrimonio canadiense, que había comprado una vivienda en la zona.

Cuando la pareja pasó por un orfanato que quedaba cerca de la casa vacacional, alcanzó a ver al pequeño, llamado entonces Jesús de Dios. Así surgió la historia de Rodolfo Dickson, el joven que representó a México el domingo en los Juegos Olímpicos de Invierno.

Está claro que Dickson cree en el destino.

Por ALF