El Senado de México dio luz verde a las leyes de la reforma energética que devuelven el dominio a Pemex y a la CFE en sus respectivas áreas. Con esta medida, el gobierno busca atraer inversión privada en un sector que requiere urgentemente recursos para alcanzar la autosuficiencia.
Esta reforma restablece el control de ambas empresas estatales, revirtiendo los cambios introducidos hace una década. Ahora, el dictamen pasará a la Cámara de Diputados para su aprobación final.
Pemex, que enfrenta serios problemas financieros y un elevado nivel de deuda, contará con mayores facilidades para asociarse con privados sin perder el control de los proyectos. La petrolera podrá establecer alianzas mediante esquemas mixtos de exploración y extracción, en un modelo similar a los “farmouts” de la reforma de 2013-2014, que el expresidente López Obrador criticó enérgicamente durante su mandato.
El senador Agustín Dorantes Lámbarri, de Acción Nacional, consideró que esta reforma tiene ventajas, como la limitación de la inversión privada, la transición energética y la simplificación administrativa, pero señaló que también se insiste en “continuar hundiendo a Pemex”, debido a los adeudos pendientes que impactan el bolsillo de las familias.
Por el PRI, Miguel Ángel Riquelme Solís reconoció que la apertura al capital privado en la generación de energía puede subsistir con la participación del Estado; no obstante, criticó que con este paquete de reformas se plantea retroceder controles, eliminar órganos reguladores y concentrar el poder en el gobierno. “Lo más sensato sería fortalecer la transparencia y la competencia”, añadió.
