Tuxpan, Ver.- Debido a su corta estatura, que no rebasa los 80 centímetros, aunado a que juega y corre como un infante, Santos Blas Rangel es confundido con frecuencia con un niño, pero su edad es de 32 años.

Su madre, Dracila Rangel Hernández, de 68 años y domicilio en calle 11 Oriente número 46 de la colonia Rafael Murillo Vidal, en esta ciudad, pide ayuda para la manutención y compra de pañales, pues Santos enfrenta, además, retraso mental, lo que le impide ser totalmente independiente.
La mujer no lo sabe explicar, pero su hijo padece acondroplasia, una enfermedad que genera trastorno en el crecimiento óseo de los cartílagos y provoca enanismo, especialmente en las extremidades.
Doña Dracila enfrenta otro problema, pues prácticamente ha quedado ciega debido a la diabetes que le afecta desde que tenía 21 años.
Por si todos los males no fueran suficientes, su hijo es, además de acondroplásico, mudo, aunque los doctores le aseguraban que “más adelante” aprendería a hablar, lo que no sucedió. Para colmo, su esposo, también anciano, no puede caminar y mucho menos trabajar por un problema en las rodillas.
“Lo que más necesito de ayuda es para comprarle pañales, Cuesta 132 pesos cada paquete de diez pañales, pero nadie me ayuda. He ido al DIF, pero me dijeron que ya no hay apoyos y que regrese hasta enero”, señaló.
Agregó, que lo único que tiene como apoyo son los 2 mil 500 pesos que recibe cada dos meses del programa de adultos mayores, dinero que no le es suficiente, insistió.
“Ropa tiene, porque le regalan ropa. Lo que más necesita son pañales y algo para la alimentación”, clamó, mientras que Santos, justamente como un niño de cinco años, corre de un lado para otro sobre la banqueta, ante la mirada de los transeúntes que lo confunden con un infante.
