La gran mayoría de ellos se trata de contagios ‘importados’, es decir de gente que entró en contacto con la enfermedad fuera del país y que ha entrado en los últimos días en territorio chino.
La provincia de Heilongjiang, fronteriza con Rusia, es el nuevo epicentro de la epidemia en el país asiático. La frontera común entre ambos estados está cerrada, con la excepción de los ciudadanos chinos que regresan a casa. Dado que los vuelos para pasajeros entre China y Rusia han sido cancelados, muchos chinos residentes han volado en vuelos interiores hasta alguna ciudad del Extremo Oriente ruso y desde allí han intentado cruzar la demarcación terrestre. De hecho, la mitad de los nuevos contagios se han detectado en ciudadanos chinos que procedían del vecino país.
¿Una ciudad segura?
«Pensábamos que nuestra pequeña ciudad era el lugar más seguro», se ha lamentado Zhu, un residente en la localidad de Suifenhe, junto a Rusia, a la agencia Reuters. «Muchos ciudadanos chinos quieren regresar, pero eso no es muy sensible; ¿para qué ha venido usted aquí?», ha respetado. La semana pasada, las autoridades impusieron en esta pequeña población restricciones similares a las que pesaron sobre la ciudad de Wuhan durante varias semanas. En Harbin, una enorme localidad de más de cinco millones de habitantes próxima a Rusia y capital provincial, también ha sido declarada una cuarentena de 28 días de duración, además de ordenarse test obligatorios para todo aquel que haya regresado al país procedente del extranjero.
No solo las regiones fronterizas con Rusia están en alerta e incrementan los controles. En un vuelo de Aeroflot que aterrizó el pasado 10 de abril en Shangai se han detectado hasta seis decenas de casos. «Los casos importados constituyen el riesgo más importante en Pekín en la segunda mitad de abril», ha subrayado Pang Xinghuo, el vicedirector del Centro para la Prevención y el Control de las Enfermedades en Pekín.
Con todo, la larga frontera común entre ambos países, de más de 4.200 kilómetros de longitud, constituye un gran quebradero de cabeza para el Gobierno a la hora de contener la epidemia. Aunque los controles en los principales pasos terrestres se han reforzado, existen multitud de pasos de montaña no controlados, caminos y ferris que imposibilitan un control total efectivo. «Nuestra frontera es muy larga», ha admitido Liu Haitao, un alto funcionario chino de inmigración.
Cifras inquietantes
Las cifras cada vez más inquietantes del país donde se inició la pandemia han tenido un inmediato efecto en la economía y podrían convertirse en una rémora a la hora de reiniciar las actividades empresariales paralizadas por la larga crisis sanitaria. La bolsa de Shangái registró pérdidas del 0,33%, mientras que el yuan, la divisa china, se depreció respecto a la norteamericana en un 13%, cambiándose a 7,04 unidades por dólar.
Crédito: elperiodico.com
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