CDMX.- De nueva cuenta Cruz Azul, por temas de la cooperativa, por problemas legales, por embrollos de envidias, celos de viejas, disputas familiares, ha vuelto a acaparar los reflectores las últimas semanas.
El tema central del tema es el control administrativo de la cooperativa. Me queda claro que es un tema poderosamente político, como nunca. Los alfiles de uno y otro bando juegan desde sus trincheras disparando granadas contra su rival, o bien limpiando a medida de lo posible las heridas producidas en esta guerra mediática.
“Filtraos los unos a los otros”, ha sido uno de los mandamientos de la familia Álvarez Cuevas desde hace ya muchos años. A veces Billy, otras Alfredo, muchas Garcés. Sin importar a quién de esta tercia de tan disfuncional familia considere el ‘menos peor’ -porque NO hay mejor- es innegable que el mando de la Cooperativa más grande de América se convirtió desde hace mucho en una dictadura familiar, que ha dañado enormemente el patrimonio de sus cooperativistas.
En febrero del 2018, escribí una columna que titulé ‘Cruz Azul: Club de Cuervos Reloaded’, y entonces relaté la añeja historia de cómo, cuándo y por qué se origino la descarnada lucha fraternal entre Alfredo y Billy, donde Garcés en el papel del ‘Cuñado incómodo’ ha navegado en las dos aguas según le ha convenido. Este lamentable enfrentamiento ya trascendió a la siguiente generación Álvarez.
El equipo, a pesar de su impresionante derroche de recursos en las últimas décadas, es apenas una bicoca, una limosna para los miles de millones de dólares que se han desviado a través de la cooperativa según consta en las carpetas de investigación acumuladas a lo largo de los años. Sin embargo, política y mediáticamente, la silla de la presidencia del equipo de futbol significa el poder, el trono que esa familia añora y disputa de forma encarnizada.
