En el proceso se contabilizaron 60 pinturas, que abarcan aproximadamente 200 metros cuadrados.

A la fecha se tiene conocimiento de seis edificios en la zona arqueológica que cuentan con restos de policromía

Desde 1978, las tareas de conservación de los murales han estado a la par de los trabajos arqueológicos en la Zona Arqueológica del Templo Mayor, situación que a decir de la arquitecta y restauradora Michelle De Anda Rogel, significan todo un reto, porque al momento de exhumarlos éstos empiezan a reaccionar drásticamente con el medio ambiente que es más agresivo de lo que fue hace 500 años.

La especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer los avances de esta investigación dentro del ciclo de conferencias en torno a la exposición Nuestra sangre, nuestro color: La escultura polícroma de Tenochtitlan, que se presenta hasta el 20 de agosto en el Museo del Templo Mayor. Puntualizó que sólo seis edificios de la zona arqueológica conservan restos de policromía: el Templo Mayor, la Casa de las Águilas, los edificios M y N, y los Templos Rojos (Norte y Sur).

Indicó que los murales mexicas se realizaron sobre diversos soportes constructivos, aplanados de tierra y, los mejor conservados, sobre estuco. El criterio de conservación para ambos ha sido in situ, y como parte de esta labor se ha recurrido al rescate de la información visual mediante el registro digital de las pinturas para analizarlas de manera detallada y hacer una intervención adecuada ante su inminente deterioro.

Inah

Por ALF