Como todo pueblo que expande su dominio sobre otros por la fuerza de sus armas, los mexicas de Tenochtitlan se hicieron de numerosos adversarios. Sin embargo, dicha expansión habría carecido de empuje sin haber contado con el apoyo a nivel regional de diferentes pueblos, que facilitó el sometimiento de quienes presentaban resistencia.
En varios casos estos señoríos dieron libre paso a los ejércitos mexicas y hasta les sirvieron como guías y proveedores de abastecimientos, como el de Yautepec, pieza esencial en la conquista de Cuauhnnáhuac, y posteriormente de buena gana fungieron como acantonamiento de guarniciones militares mexicas (por ejemplo Amatlan y Yecapixtla en la región de Cuauhnnáhuac o Tochpan en el Golfo) y centros de recolección de tributo para la Triple Alianza, como Tepeaca en el valle de Puebla.
Durante y tras la guerra con los tepanecas de Azcapotzalco los principales aliados de los mexicas fueron los acolhuas de Texcoco. La cohesión entre texcocanos y tenochcas se mantuvo firme hasta iniciar el siglo XVI, cuando la rivalidad entre tlatoani Moctezuma Xocoyotzin y el de Texcoco, Nezahualpilli, tenía como trasfondo un proceso en el que Tenochtitlan trataba de consolidar su posición como predominante. Cuando Texcoco fue asaltada por los españoles y sus aliados del valle de Puebla a fines de 1520, los nobles acolhuas prefirieron unirse a Cortés encabezados por Ixtlilxóchitl. Aun así, una importante parte de la población y la nobleza texcocana -incluyendo al tlatoani Coanacoch- escapó hacia Tenochtitlan por el lago, causando la ira del capitán extremeño.
Aunque la creencia general apunta a que la cuenca de México vio una deserción en masa de vasallos de Tenochtitlan hacia el bando de Cortés, mientras algunas ciudades siguieron el ejemplo de Texcoco como Huexotla, Acolman y Chalco, otras, un importante número, se mantuvieron fieles a la alianza hasta que los españoles y sus aliados las fueron sometiendo una por una, el caso de Cuauhtitlan, Xaltocan, Xochimilco, Iztapalapan, Coyoacan y Cuauhnnahuac: en varios de estos casos como Cuauhtitlan y Coyoacan nobles y vasallos huyeron por el lago a refugiarse en la ciudad-isla, aumentando su número de defensores.
En occidente los mexicas contaron con el apoyo de los ñatr’ho o mazahuas. El enfrentamiento de estos con los hñähñü u otomíes, proveyó a los mexicas de un aliado en el valle de Tollocan y Matlatzinco. Cuando los españoles y tlaxcaltecas dirigidos por Gonzalo de Sandoval se apoderaron de este valle, fue al costo de derrotar un ejército combinado de nahuas y mazahuas que se reunía para partir en auxilio de Tenochtitlan, entonces sitiada..
Todavía más hacia el occidente, en la región fronteriza con el imperio purépecha también fue posible para la Triple Alianza obtener aliados, evidentemente entre aquellos que se habían visto amenazados por la expansión michuaca. Es el caso de poblaciones nahuas, chontales e incluso otomíes (que a diferencia de sus parientes del norte del valle de México preferían a los tenochcas que a los michoacanos), dispuestas a apoyar la cadena de fortificaciones que los mexicas levantaron en esa frontera. Ocupan una mención destacada los cuitlatecos o anejgatl, pueblo cuya habilidad guerrera fue reconocida y claramente aprovechada por los mexicas al grado de que no estaban obligados a pagar más tributo a Tenochtitlan que su servicio militar contra los purépechas..
Posiblemente la última alianza que conservaron los mexicas fue la de Tlacopan. Alianza que se había originado en días de la guerra contra Azcapotzalco: se trataba de una ciudad tepaneca cuyo señor Totoquihuatzin se encontraba enfrentado al principal señor de su dinastía, Maxtla, lo que llevó al alineamiento de Tlacopan en el bando de mexicas y texcocanos. A diferencia de Texcoco, que en los primeros años del siglo XVI comenzó a distanciarse de los mexicas y a resentir su creciente poder, Tlacopan apoyó a Tenochtitlan hasta su caída en manos de las tropas de Pedro de Alvarado; tras este suceso el tepanecatecuhtli Tetlepanquetzal se refugió en Tlatelolco con Cuauhtemoc, cayendo prisionero junto con él, el día de la rendición de las ciudades-isla y muriendo también en su compañía, en Itzamkanac en 1525.
