Ángel María Villar fue ayer suspendido por un año de manera cautelar y revisable de sus funciones como presidente de la Federación Española de Fútbol (FEF). La temporalidad de la suspensión y la posible revisión se deben al tiempo que puede durar el proceso penal abierto. Con su decisión unánime, la comisión directiva del Consejo Superior de Deportes (CSD) acabó con 29 años de mandato del dirigente vasco al frente del fútbol español.

Villar ya no puede mandar. La lapidaria frase que se había eternizado tanto como él en el cargo queda vacía de contenido. “Se ha dicho muchas veces que va a caer y nunca pasa nada”, se comentaba en su círculo más cercano y se pronunciaba en los mentideros periodísticos. Esta vez sí ha pasado. El demoledor auto del juez Santiago Pedraz ha terminado con Villar,con su hijo Gorka y con Padrón en la cárcel madrileña de Soto del Real y con esa suspensión cautelar que le inhabilita para presidir el fútbol español y próximamente para ejercer como vicepresidente de FIFA y UEFA.

La red de influencias que Villar tejió desde que accedió al cargo en 1988 no ha podido rescatarle. Él lo ha intentado en los últimos meses con reuniones con las altas esferas del poder y los que le conocen aseguran que seguirá en ese empeño. Igual que en el de no presentar su dimisión pese al daño que ha causado su encarcelamiento a la imagen del fútbol español, del que tantas veces se ha erigido como su gran defensor.

Por ALF