El impacto entre el público británico del atentado terrorista de Mánchester el pasado mayo va a traducirse en una compensación para cada una de las familias de las víctimas que se cifra en unos 270.000 euros, gracias a las donaciones privadas que acabarán sumándose a la preceptiva compensación del Estado.
Las dramáticas consecuencias de la acción de un solo individuo, un atacante yihadista de 22 años que detonó una bomba en el recinto donde acababa de actuar la estrella musical estadounidense Ariana Grande, también engloban a los 57 asistentes al concierto que acabaron requiriendo una asistencia hospitalaria de urgencia y que serán compensadas, al menos en lo práctico, a razón de 60.000 libras por herido.
Esa movilización a favor de los damnificados de un evento festivo que acabó en tragedia, al atrapar la detonación de la bomba a los niños y adolescentes que acudieron con sus padres a jalear a Grande, contrasta a día de hoy con la desasistencia que sufren los supervivientes del incendio acaecido en la londinense torre de Grenfell tan sólo un mes más tarde. Una buena parte de los supervivientes de aquel horror en el rascacielos, que al menos se cobró 80 víctimas mortales (y cuyas circunstancias impedirán probablemente a identificar a la totalidad de muertos en el siniestro), permanecen alojados en hoteles habilitados con carácter temporal y sin perspectivas inmediatas de recuperar su antigua vida. Sólo una pequeña fracción de los 18,9 millones de libras recabados en concepto de ayudas para las familias que escaparon del infierno de la torre ha sido hasta ahora distribuida, según el registro de las ONG que operan su asistencia a las víctimas de aquella tragedia.

