Retomar los métodos tradicionales no solo es posible, sino imperativo, advierten promotores de agricultura orgánica.
Hipólito Moreno Tapia
Álamo, Ver.– Aunque eliminar por completo el uso de pesticidas y agroquímicos parece una utopía, el regreso a los métodos tradicionales no solo es posible, sino también urgente, advierten promotores de la agricultura orgánica.
Desde hace décadas, la llamada Revolución Verde transformó el campo mexicano al priorizar el rendimiento por hectárea a través del uso de fertilizantes químicos, herbicidas, pesticidas y sistemas de riego. Sin embargo, esta estrategia ha traído consecuencias graves tanto para la salud humana como para el medio ambiente.
“El uso de agroquímicos nos vino a pegar. Hoy en día, muchos productores han cambiado el machete y el azadón por bombas para fumigar, pero sin tener una cultura adecuada del manejo de estos químicos”, señaló el ingeniero Salvador Diego Martínez, jefe de la Brigada de Educación para el Desarrollo Rural No. 42.
Desde 2017, dicha brigada trabaja en municipios de la región brindando capacitación a los agricultores sobre el uso racional de agroquímicos, al tiempo que impulsa la transición hacia sistemas sustentables como la permacultura y la agricultura orgánica.
No obstante, reconoció que el camino hacia una producción orgánica es complejo, pues existen poderosos intereses económicos detrás del modelo agroindustrial actual.
Por su parte, David Ignacio Zermeño Ibarra, promotor técnico, destacó que, además del impacto ambiental y en la salud, los agroquímicos implican un mayor gasto para el productor. “Un cultivo orgánico es más económico a corto plazo. Si se usan abonos naturales todos los días, es posible revertir la dependencia a pesticidas”, señaló.
En este esfuerzo también participan instituciones educativas como el CBTa 57 de Álamo y el CBTa 163 extensión Tihuatlán, donde se inculca la práctica de la agricultura orgánica. En estos planteles se promueve el uso de abonos naturales, como el humus de lombriz, obtenido del estiércol de ganado procesado por lombriz roja californiana.
“El objetivo es aprovechar los desechos orgánicos y volver a una alimentación más sana, eliminando lo químico que tanto daño hace al organismo”, explicó a su vez el ingeniero agrónomo Cesáreo Cabrera Salinas.
