El arco de los violines era elevado una y otra vez a un mismo paso, ágil y preciso, en instantes los instrumentos parecían dialogar, en un canon exquisito, en un canto de cuerdas, en melodías hermosas de grandes artistas,
Vivaldi, Mozart o Beethoven, lo mejor.

Así fue como la fundación Níccolo Paganini, llevó a cabo, más que un concierto, una fiesta de emociones, donde se conjuntó la alegría de “Los toreadores”, la sobriedad del Concierto de Beethoven, hasta el desconsuelo de When she moved me, que se fundieron en el escenario. Al abrir con el Concierto en C Mayor de Vivaldi, todo apuntaba para una tarde espectacular, y todo el auditorio Margarita Guerrero de Gibb quedó admirado al ver la magnífica interpretación del Concierto de Mozart 216 y del Concierto para violín Solo Obligato, de Vivaldi.

Los dedos de los artistas sobre sus instrumentos parecían perderse de vista, tan rápidas como caen las gotas de lluvia, como el aleteo de un colibrí, en suaves movimientos diestros, pero sólidos, que emanaban sonidos bellos, cual canto de un ave.

Al terminar, el sonido de la guitarra apareció para interpretar Capricho Árabe, de Francisco Tárrega, bajo una excelente interpretación para cerrar la hermosa tarde que despidió septiembre. Así, con las cuerdas, La Opinión y
Fundación Níccolo Paganini llevaron a cabo un concierto con causa más, que en esta ocasión tuvo como invitados especiales a los pequeñitos de la Casa Hogar del Sol y La Luna, de esta ciudad.

Una gran presentación culminó con el grato reconocimiento por parte de la Señora Silvia Gibb Guerrero, Administradora Única de La Opinión, a quienes hicieron posible este bello concierto, en especial a cada uno de los alumnos y al maestro, Domenico Antonio Pontarelli, quien cultiva a grandes talentos en esta acción para sembrar la semilla de la música en el corazón de jóvenes y adultos.

Por ALF