Caracas y otras ciudades de Venezuela, como Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, San Cristóbal y Maracay, amanecieron este jueves con aires de Día de Año Nuevo. El llamamiento de la oposición a un paro nacional “cívico y activo” de 24 horas se empezaba a cumplir con éxito. Calles desiertas y barricadas daban fe de ello, cuando falta poco más de una semana para la fecha de las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional Constituyente a las que el Gobierno no está dispuesto a renunciar. Las fuerzas opositoras, que rechazan esa convocatoria, dieron inicio al pulso crucial con el régimen.
Desde las seis de la mañana, la paralización de actividades fue absoluta en el este de Caracas, tradicional bastión antichavista. En el centro y oeste de la ciudad, la afluencia de vehículos y transeúntes era notablemente menor que la de días regulares. Resultaba imposible precisar cuánto del seguimiento de la huelga tenía que ver con una voluntad genuina de protestar contra el Gobierno, o con el temor a eventuales incidentes callejeros. El paro de transportistas acordado por los gremios que los representan para forzar a las autoridades a un aumento en las tarifas ayudaba, además, a disuadir a cualquiera de salir a la calle.
“Las calles desoladas también son protesta que se siente muy cerca del dictador”. Este fue el comentario que al final de la mañana colgó en su cuenta de Twitter Freddy Guevara, dirigente del partido Voluntad Popular y uno de los portavoces de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), junto a una fotografía de El Silencio de Caracas, por lo general atestado de gente, pero que este jueves aparecía solitario. Se trata de un barrio comercial y de oficinas de la burocracia estatal situado a unas cuatro manzanas del palacio presidencial de Miraflores, en pleno centro de la capital venezolana.
La víspera, el nuevo presidente de la patronal Fedecámaras, Carlos Larrazábal, había conminado a sus afiliados a permitir que los trabajadores que así lo decidieran se ausentaran. “Este no es para nada un paro patronal”, aclaró en un programa de radio. Dijo que si la mayoría de las empresas privadas ya están paradas o trabajan a una fracción de su capacidad, no se debe a la convocatoria “sino a que el Gobierno no asigna ni las divisas ni las materias primas”.
El Gobierno, sin embargo, parecía decidido a desatender las evidencias del éxito opositor. En sus medios electrónicos se empeñaba en mostrar imágenes de gente en actividad y haciendo filas para comprar alimentos o medicinas. Para contrarrestar el llamamiento a la huelga, puso en servicio el Metro de Caracas, que normalmente cierra cuando hay manifestaciones. Dispuso también para este jueves el pago en agencias bancarias de las pensiones para los trabajadores jubilados, y hasta se especuló con que, para obligar a los ciudadanos a salir a canjearlos, decretaría la puesta en circulación de los billetes de 100 bolívares, medida ya adoptada en diciembre pasado pero cuya entrada en vigor se viene posponiendo desde entonces.

