El cementerio de la Santísima Trinidad, considerado el más importante de la ciudad por el número de visitantes que recibe, los cuales llegan a ser más de 10 mil solo durante la celebración de Fieles Difuntos, se ha convertido en un riesgo sanitario desestimado por las autoridades municipales.
El penetrante olor a descomposición de materia orgánica y la humedad imperante en este predio ubicado en una zona densamente poblada entre Poza Rica y Coatzintla, con una superficie superior a las 9.5 hectáreas, acentúa las advertencias acerca de la saturación de tumbas, que también amenaza con hacer crisis.
La maleza dificulta el paso por la mayoría de los pasillos de la necrópolis, las bolsas de desechos y las canastas que alguna vez fueron arreglos florales se mezclan con la hojarasca y atraen fauna nociva que encuentra ahí su alimento, en una imagen que subraya en la mente del visitante la descomposición natural de los restos humanos bajo tierra.
Habilitado hace más de seis décadas como panteón, este terreno irregular, cruzado por un arroyo que se forma durante la temporada de lluvias intensas, ofrece actualmente un espectáculo de decenas de tumbas abiertas que se han llenado de agua estancada y en un par de pozas ubicadas en la zona sureste se pueden apreciar féretros abiertos. “¡Uy, joven!, solo se ven tres, pero en el fondo hay como diez ataúdes”, aclara un albañil que frecuentemente acude a reparar tumbas.
Por CARLOS HASCHMED NAVA
Fotos LUIS SAN JUAN TRUJILLO

