ALBERTA, CANADÁ.- El presidente de EE. UU., Donald Trump, abandonó anticipadamente la Cumbre del G7 en Canadá, debido a la escalada del conflicto en Medio Oriente. La portavoz Karoline Leavitt informó que Trump partiría tras la cena con líderes del G7, cancelando así la reunión prevista para este martes con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.
Sheinbaum había llegado a Canadá el lunes para una serie de encuentros bilaterales, incluyendo una cita con Trump entre las 15:40 y 16:40 horas. Sin embargo, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) anunció la agenda de actividades de la presidenta de México para el tercer día de la cumbre de líderes del G7. En la programación no figura el encuentro con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
Pese a la cancelación, la mandataria mantendrá su agenda, destacando su participación en la plenaria del G7, donde se prevé un posicionamiento relevante.
Trump ordenó a su equipo de seguridad nacional reunirse en la Sala de Situación, mientras en X advirtió sobre la amenaza nuclear iraní tras los ataques cruzados entre Israel e Irán.
La Cumbre del Grupo de los Siete (G7) dio inicio este lunes en las Montañas Rocosas de Canadá, con un panorama dominado por tensiones comerciales, conflictos geopolíticos y la postura confrontativa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien llega a este foro internacional con una agenda propia y sin intenciones claras de buscar consenso.
La imagen desafiante que Trump dejó en la cumbre de 2018 —sentado con los brazos cruzados frente a la entonces canciller alemana Angela Merkel— sigue siendo una referencia recurrente en las cumbres del G7. Esta vez, aunque los anfitriones buscan minimizar roces, las diferencias ideológicas y comerciales entre los países miembros son más profundas que nunca.
En los últimos días, Trump ha impuesto nuevos aranceles a decenas de países, reviviendo el temor a una posible desaceleración económica global. Entre los temas pendientes destacan los conflictos bélicos en Gaza, Ucrania y las tensiones entre Israel e Irán, así como asuntos de fondo como el cambio climático, la inmigración, la inteligencia artificial y el dominio industrial de China.
Durante su llegada, Trump declaró que espera lograr “unos pocos nuevos acuerdos comerciales”, aunque también dejó claro que “todo lo que tenemos que hacer es enviar una carta: esto es lo que tendrás que pagar”, subrayando su visión transaccional de la política exterior.
A diferencia de años anteriores, en esta edición del G7 no se espera una declaración conjunta, lo cual refleja el escepticismo del gobierno de Trump hacia el consenso multilateral. Expertos consideran que la administración estadounidense prefiere evitar compromisos que puedan limitar su política arancelaria y su impulso por los combustibles fósiles.
El Reino Unido, Japón, Italia y Alemania han expresado su intención de mantener una relación “amistosa” con Trump, apostando a que el diálogo diplomático pueda atenuar sus reacciones imprevisibles.
En paralelo, Trump sostendrá reuniones bilaterales con el primer ministro canadiense Mark Carney, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum y el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy.
Canadá y México, socios comerciales bajo el T-MEC, enfrentan aranceles del 25 % impuestos por Trump con el argumento de frenar el contrabando de fentanilo, aunque muchos productos aún conservan protecciones dentro del tratado.
El líder canadiense, Mark Carney, ha expresado su frustración con la postura de Estados Unidos. “Ya no podemos ver a EE. UU. como un amigo duradero”, dijo recientemente, evidenciando el distanciamiento entre ambos gobiernos.
Mientras Trump busca alinear al G7 contra la “coerción económica de China”, analistas como Josh Lipsky, del Atlantic Council, advierten que esa coordinación se vuelve casi imposible cuando el mismo Estados Unidos aplica políticas punitivas contra sus propios aliados.
