Tecnología transforma las violencias escolares; investigadores llaman a llevar la ciencia a las aulas

El investigador de la Universidad de Guadalajara, José Claudio Carriño Navarro, advierte que el ciberacoso, las redes sociales y la inteligencia artificial plantean nuevos desafíos para comprender y prevenir la violencia en las escuelas.

Por: Mónica Tejeda Hernández

Xalapa, Ver.- Las formas de convivencia entre estudiantes han cambiado de manera acelerada y, con ello, también las manifestaciones de violencia dentro y fuera de las escuelas, advirtió el profesor investigador de la Universidad de Guadalajara, José Claudio Carriño Navarro, quien afirmó que el reto actual no solo consiste en documentar estos fenómenos, sino en transformar el conocimiento científico en acciones concretas que fortalezcan los ambientes escolares.

Durante su participación en un encuentro académico, el especialista explicó que las primeras investigaciones sobre violencia escolar se centraban en medir sus efectos sobre el rendimiento académico, el fracaso escolar y la deserción. Sin embargo, con el paso de los años, las investigaciones comenzaron a profundizar en el impacto que estas conductas tienen sobre la salud mental, las emociones y la vida cotidiana de las y los estudiantes.

Carriño Navarro señaló que esta evolución permitió ampliar el campo de estudio y participar en la elaboración de los Estados del Conocimiento del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, donde se documentó inicialmente el fenómeno del bullying en México. En la edición más reciente, dijo, el crecimiento de investigaciones sobre las violencias escolares ha sido exponencial, además de que han surgido nuevas modalidades que antes no habían sido identificadas.

«Hoy sabemos que la violencia tiene muchos matices, muchas formas de manifestarse y todas deben ser estudiadas para comprender la realidad que viven los estudiantes dentro de las instituciones educativas», expresó.

Respecto al impacto de la tecnología, el investigador consideró que existen dos grandes desafíos: el uso de las redes sociales por parte de niñas, niños y adolescentes, y el desarrollo de las inteligencias artificiales generativas, cuya rápida evolución plantea nuevos cuestionamientos para investigadores y docentes.

Precisó que el problema no radica en la tecnología en sí, sino en el uso que se hace de ella. Recordó que estas herramientas tienen aplicaciones positivas en ámbitos como la industria, la administración pública y la educación, pero también pueden convertirse en instrumentos para el ciberacoso, la agresión y el deterioro de las relaciones interpersonales.

Al abordar la relación entre el bullying y hechos de violencia extrema, llamó a evitar explicaciones simplistas. Reconoció que diversos estudios muestran una asociación entre experiencias de acoso escolar y algunos casos de agresiones graves, pero aclaró que no existe una relación única ni absoluta que permita atribuir todos estos hechos exclusivamente al bullying.

Otro de los temas que consideró prioritarios es el estudio de la violencia digital en comunidades indígenas, un campo que, dijo, permanece prácticamente inexplorado. En ese sentido, destacó el potencial de herramientas como la etnografía digital o la netnografía para comprender cómo se manifiestan estos fenómenos en pueblos originarios, siempre respetando sus contextos culturales y sociales.

Asimismo, planteó que las propias comunidades indígenas deben ser protagonistas de estas investigaciones, mediante la participación de jóvenes investigadores pertenecientes a ellas, quienes cuentan con el conocimiento y la confianza necesarios para documentar su realidad desde una perspectiva interna.

El académico recordó que hace dos décadas el bullying ni siquiera era reconocido como un tema relevante dentro de la investigación educativa, por lo que fue necesario generar evidencia científica para demostrar su impacto. Actualmente, señaló, el problema ya forma parte de la agenda de las autoridades educativas y ha dado origen a programas específicos para su atención.

Finalmente, José Claudio Carriño subrayó que uno de los principales desafíos consiste en lograr que la investigación educativa trascienda las universidades y llegue a las aulas, así como a quienes diseñan las políticas públicas.

«La investigación no debe quedarse en los cubículos ni en las bibliotecas. Debe convertirse en una herramienta para mejorar las escuelas y apoyar la toma de decisiones», afirmó.

Por Redactor1