Durante meses, el niño Francisco Javier Juárez Navarro, de 14 años de edad, permaneció en la Sala de Oncología del Hospital General de la ciudad de México, sufriendo por los efectos de la radiación que le dejó una capsula radiactiva que encontró en el campo y guardó en la bolsa derecha de su pantalón. Al final, la muerte fue el consuelo de este pequeño, al que ya le habían amputado parte de sus extremidades y se “carcomía” por dentro.
Pemex se hizo responsable de este hecho, ya que la cápsula de Iridio 192, que encontró el niño, la habían extraviado obreros, en las inmediaciones de un campo petrolero del sureste del país.
Pocos son los casos documentados de personas afectadas por tener contacto con cápsulas radiactivas, utilizadas para radiografía industrial. El Iridio 192 es una fuente emisora de radiación gamma, que al contacto directo, provoca quemaduras profundas, necrosis ósea y la muerte, generalmente por choque séptico.
En las últimas 3 décadas, se han perdido o robado 65 fuentes radiactivas y una tercera parte nunca se recuperó. Si hubo contaminación o personas afectadas, nadie lo supo.
