Entre bailes, risas y canciones es como tratan de aligerar a los niños la carga de estar dentro de la prisión. “Fuerza, tiempo y esperanza” se lee en uno de los murales del patio donde mujeres privadas de su libertad conviven con sus hijos cuando llegan los payasos.
Fuerza es lo que se necesita para enfrentar la realidad de estar en prisión. El tiempo avanza sin piedad cuando llega el momento de separarse de sus hijos y la esperanza, sin duda, se vuelve el mayor reto para abandonar la prisión.
El ambiente es festivo. La entrada al reclusorio se convirtió en una verbena popular. Treinta y cinco payasos de la Fundación Patch Adams irrumpieron para llevar alegría a los niños y a sus madres.
Globos, maquillaje y juego hicieron olvidar por un momento que algunas mujeres encarceladas tendrán que dejar a sus hijos cuando cumplan seis años, pero en lo que llega el momento de la separación, se tiene que disfrutar cada segundo. Invitados por la Fundación Reinserta, El Sol de México comprobó el trabajo de inclusión que realiza en este reclusorio.
Nancy Alondra Polanco Nájera. 15 años en reclusión. Delito: Secuestro. Su hijo vive con ella en la prisión. Dice: “el hecho de que vengan los niños y vean payasos, es algo importante porque nosotras, como internas, no podemos. Eso es un apoyo que Reinserta traiga a los payasos y jugar con ellos y tener dinámicas con ellos es sacarlos de este entorno”.
“Los niños que en reclusión casi no salen, porque la familia se encuentra en otras condiciones o tienen más hermanos, y muchos gastos familiares”.
Polanco Nájera relata que en un año y siete meses su hijo abandonará la prisión porque así lo establece el reglamento de Santa Martha, aunque ahora con las modificaciones a la Ley de Ejecución Penal, el menor tendrá que salir a los tres años.
