Papantla, Ver.- Disfrutar, guisar y comer con las Mujeres de Humo en el Centro de las Artes Indígenas CAI, es sin duda una de las vivencias más agradables que puedas tener.
Pero ver, compartir con ellas y degustar de un rico pozole, realmente, como dice el comercial, “no tiene precio”.
A invitación de Martita Soledad Gómez Atzin, coordinadora de Las Mujeres de Humo, acudimos al Nicho de Olores y Sabores que se encuentra al interior de las instalaciones del parque Temático Takilsukutl, donde cada inicio de primavera se celebra la Majestuosa Cumbre Tajín.
Para llegar a este lugar se toma la carretera Poza Rica- San Andrés, aunque también se puede llegar por el Pueblo Mágico de Papantla.
La travesía es corta y agradable con los compañeros de trabajo que compran pan para llevar a las Mujeres de Humo, pues están seguros al llegar habrá en la mesa un humeante jarrón de café de olla endulzado con panela.
Al ingresar al Nicho de los Olores y Sabores se percibe de inmediato una grata sensación de llegar a casa. El olor a tierra mojada, la palma, el humo del fogón, pero sobre todo el aroma de los preparativos de un rico pozole, comida tradicional mexicana que en muchos hogares de nuestro país se prepara para la Noche del Grito.
Todas ellas, las Mujeres de Humo, son hermosas señoras que parecen lo conocen a uno de mucho tiempo. La sonrisa a plenitud, la algarabía, la emoción de las alumnas por aprender de sus maestras, pero sobre todo por la presencia de nuestro equipo de trabajo, “¿vamos a salir en La Opinión?, ¿cuándo?”, preguntan al tiempo de ensalivar sus pestañas y otras más colocarse su delantal, “queremos salir bien bonitas en la foto”, dicen y vuelven a sonreír, pero con más ganas.
Varias de ellas sentadas junto a Martita “descabezan” el maíz, un ingrediente imprescindible para este típico platillo mexicano que se dice, en sus orígenes prehispánicos era aderezado con carne humana.
Otras más preparan el chile huajillo con tomate, cebolla y ajo, así como también cuecen el recaudo que lleva orégano, laurel, ajo, pimienta, comino y clavo.
La carne de puerco y el maíz son aparte, pero son considerados como los ingredientes principales.
El pozole se complementa con “totopos”, cebolla, rábano, lechuga finamente picada, así como chile seco en polvo y limón, que dan ese toque especial. Hasta agua se hace a la boca nada más de recordar.
Ya está casi todo listo y el olor se impregna en la ropa, en los sentidos y aun cuando ya hemos tomado café con pan, para eso del mediodía, con unos “gruñidos” el estómago avisa que ya quiere probar ese manjar preparado por las Mujeres de Humo.
MUJERES Y HOMBRES DE HUMO TRABAJANDO
Martita, como todos la conocemos, una mujer preparada, humilde pero que por su amor a la cocina ha viajado a varios países del mundo, que además no quiso ir ni a Master Chef ni a Familias Frente al Fuego, nos sorprende con un comentario.
“En las Mujeres de Humo también somos incluyentes, ahora tenemos entre nosotros a Eloy, un gran cocinero que nos ayuda con las alumnas, ha sido ampliamente reconocido en su trabajo”, dice y prueba de ello son algunos reconocimientos colocados en las paredes de tarro del Nicho de Aromas y Sabores.
“¿Martita, por qué no quisiste ir a Master Chef ni a Familias Frente al Fuego?”, la cuestionamos y esto fue lo que nos respondió.
“Me quisieron convencer, vinieron hasta aquí e incluso filmaron unos vídeos, pero querían que fuera con ellos a cocinar en esas parrillas eléctricas ¡y no, a mí me ponen mi fogón sino, ni voy, y no fui!”, recalcó, “además no iba a dejar que me regañara ese chef bigotón”, remató.
LA COCINA TRADICIONAL EN TIEMPOS DE LOS CENTENIALS
Alexis es un jovencito de 15 años. Cuando entramos al nicho lo vimos trabajar al lado de las Mujeres de Humo y pensamos era nieto de alguna de ellas. Se acercaba al fogón y lo atizaba, “picó” la cebolla y ayudó a preparar la salsa y anduvo de allá para acá, e incluso vimos como su playera tipo Polo se manchó en un descuido.
De aspecto serio, su mirada detrás de gruesos lentes parecía tímida. No reparamos más en él hasta que se hicieron unas entrevistas por separado y supimos entonces que Alexis es alumno de Las Mujeres de Humo. Algo inusual, tal vez para nosotros, pero sí, un chico de los llamados “centenials” preparando comida tradicional mexicana, cuando el común denominador de ellos, pues a esa hora duermen luego de haberse desvelado con el teléfono celular y las redes sociales.
Alexis habló de la preparación del pozole. Nervioso, lo confesó él mismo, pero poco a poco se repuso y tras de dar una pequeña explicación de cómo hicieron el platillo, su mirada se iluminó cuando le preguntaron cuál era el ingrediente que él consideraba secreto para que la comida oliera tan bien y que seguramente estaría igual de deliciosa.
“¿Qué cuál es el ingrediente secreto?…¡el amor y la alegría con la que preparamos todo!, dijo emocionado ante la cámara de video que escudriñaba todos sus movimientos.
AHORA SÍ, A COMER, QUE A LA MESA Y A LA CAMA SE HABLA SOLO UNA VEZ
Todo está listo ya para comer este rico platillo preparado por las Mujeres de Humo. Sirvieron el caldo y la carne, junto con el maíz en tazones de barro. Aparte, en platos colocaron el rábano, cebolla, chile seco, limón y “totopos”, para dar ese toque especial. Volvieron a ofrecernos café de olla, delicioso y humeante, mientras le dábamos unas cucharadas al platón de pozole para comer la suculenta carne de cerdo, el maíz pero sobre todo, sentir en el paladar ese rico sabor de la comida mexicana.
De esta manera, Las Mujeres de Humo nos deleitaron con un rico y delicioso pozole, pero no todo quedó ahí. Ahora nos han comprometido a regresar en noviembre, en Todos Santos, para hacer pan, moler cacao y hacer figuras de chocolate…y ¡claro que ahí vamos a estar!
Por Pascual Hernández Hernández
Fotos de Rafael Rodríguez Ávila








