El sábado por la noche, Lorena Lara recibió una llamada. Era su esposo, quien le hablaba para despedirse. «Me voy a morir», le dijo Moisés Gómez, uno de los más de cien migrantes que viajaban sin aire ni agua en la parte trasera de un trailer encontrado en San Antonio, Texas.
«Tuve un accidente, estoy muy mal, mi corazón no me responde y no puedo respirar», contó Moisés a Lorena. Debido a la falta de oxígeno, permaneció inconsciente durante varios minutos. Con ayuda de un primo, Moisés logró salir del trailer y subirse a una de las camionetas en que varios sobrevivientes fueron trasladados a casas de seguridad. Al recobrar el conocimiento, consiguió un teléfono y narró a su esposa lo sucedido. Para ese entonces, todavía se escuchaban los gritos de desesperación, la angustia que dejó tras de sí el incidente en el que al menos 11 personas perdieron la vida.
«Había hasta niños. Mi esposo me comenta que el primero en fallecer fue un niño de 14 años», cuenta Lorena.
