Érika murió a los 23 años por causas imprecisas. Vivió un calvario desde los 14 años cuando fue secuestrada.
Claudia, madre de la joven indicó que su hija fue privada de su libertad a los 14 años mientras buscaba trabajo y desde entonces padeció adicciones, explotación, violaciones, golpes y un embarazo.
La madre de Érika recuerda que en su momento acudió por casi una década a varios entes federales y de organizaciones civiles, pero sin hallar apoyo para su hija, Erika, pues en ese entonces no había una Comisión de Víctimas capitalina.

«Llega a un refugio, pero ya con problemas de adicciones, porque el tratante les daba activo para aguantar de 50 a 60 relaciones sexuales», contó Claudia.
La menor logró escapar, sin rehabilitarse, y llegó a un grupo de personas en situación de calle en los puentes de Taxqueña.
Tras años de adicciones, su familia logró trasladarla a un albergue infantil al norte del País, donde estuvo hasta los 18 años.
A su regreso, lamenta Hernández, no pudo acceder a grupos de ayuda y conoció al «Pelos», quien la embarazó y la golpeaba.
«Después buscamos ayuda, vinimos a la CEAV y nos dijeron que no había mucho qué hacer, mi hija trató de estar bien, estaba en la casa con nosotros, pero después recibía amenazas, llamadas y mensajes, hasta que volvió a desaparecer y no la volví a ver viva», agregó.
Érika estaba en situación de calle cuando tuvo a su bebé, y meses después, agregó su mamá, fue hallada sin vida en una vivienda en Benito Juárez. Su hijo aún está desaparecido.
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