POR: PAULO RUIZ
Un forastero llega a una estación a tomar un tren que no tiene rumbo; no hay destinos claros, pero todos quieren subirse y se pelean por abordar sin importar a dónde los lleve.
Hoy, de la misma manera, a apenas un mes de que su gobierno arrancó, varios alcaldes de oposición ya buscan subirse —o los quieren subir a la fuerza— a los vagones guindas de la 4T, porque estar arriba es mejor que estar varado en la solitaria estación donde se pueden quedar helados.
Juan José Arreola, en “El guardagujas”, relata cómo un viejo le explica al forastero que la compañía ferroviaria vende boletos a destinos de todo el país, incluso a donde todavía ni llegan las vías; incluso hay destinos que ni siquiera existen, por lo que le recomienda alquilar un cuarto para pasar la noche.
Sin saber a dónde van a parar, como en el cuento, actualmente muchos alcaldes, regidores y todo ruin pseudopolítico decide emprender carrera como tapete para asegurar un boleto y estar dentro del ferrocarril, con la idea de que a algún lugar habrán de llegar.
La presión política desde las altas esferas del Gobierno Estatal para orillar a los alcaldes es algo que no se puede negar; tampoco es irreal que sean los propios ediles quienes quieran, por sus intereses, acomodarse a como dé lugar en esos asientos morenos. No les importan sus ideales, principios o que en el brinco traicionen a sus correligionarios o a los votantes, al estar dispuestos a cambiar el beneficio de su municipio para ser serviles a un partido, arrodillándose a lamer los zapatos de los líderes morenistas o, incluso, limpiar a besos las zapatillas con casquillo de la ingeniera.
La guerra al interior de Morena está en marcha: por un lado, el senador Manuel Huerta tirando con la izquierda, como le enseñaron, ya que el camino a la candidatura a la gubernatura se tiene que abrir en contra de su mismo partido, ya que oposición de otros no hay. Por el otro lado, Esteban Ramírez Zepeta, quien suplica que se siga la línea y se aplauda a la gobernadora por lo que sí hace bien, pretende que nadie vea lo feo y solo lo bueno que se llega a hacer. Su mejor revés se quedó corto al acusar a su compañero de partido de traicionero por juntarse con los villanos favoritos del actual gobierno: los Yunes.
Mientras el partido en el poder se fractura desde adentro, muchos más todavía se quieren subir al tren sin pensar que no tiene destino asegurado y, como ha pasado, se puede llegar a descarrilar.
El guardagujas, quien es aquel que opera los cambios de vías, explica en el cuento de Arreola que, arriba del vagón, las ventanillas crean ilusiones y espejismos; hay espías por todos lados y lo mejor es no decir nada para que no te malinterpreten, porque puedes terminar en la cárcel. También en el relato muchos mueren arriba del tren.
Al final, desde palacio se hará el cambio de vías y se decidirá quién llega y quién se queda, sin importar el progreso del estado y unidos solo por la ambición de quienes temen congelarse en una helada estación. Pero en la política mexicana eso no pasa y, en la veracruzana, todo esto parece cuento.
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