Lídia Jorge, heredera del feminismo

La voz de las mujeres ha sido fundamental en la literatura portuguesa, “porque ellas miran otras cosas desde una ventana especial y observan y cuestionan no sólo a la sociedad, sino a la familia, a su intimidad y a ellas mismas”, afirma la escritora Lídia Jorge (1946).

Para la novelista y cuentista lusa, las letras de su país están viviendo actualmente “lo que yo llamo el quinto feminismo: el de la tecnología, en el que las autoras pueden plantear los temas que les interesa de otra manera y defenderse mejor”, explica en entrevista con Excélsior.

Considerada una de las mejores narradoras contemporáneas de esa nación europea, la autora de Los memorables (2014), novela que promovió recientemente en su primera visita a México, dice que el primer feminismo literario fue “el que todos conocemos, contra los hombres, porque no nos abrieron la puerta”.

Piensa que ella pertenece al segundo feminismo, el de los años 60 y 70 del siglo pasado. Y explica que le sigue el tercer feminismo, que está muy cerca del segundo y tiene que ver con la gran prisa de hablar de la historia en la que las mujeres se inscriben.

Mi generación también está involucrada en estos temas. Se narran las historias dramáticas directas, las relacionadas con el racismo, con la pobreza, con los maridos que no las comprenden. Gritan su verdad desde el alma sus experiencias íntimas”.

El cuarto feminismo literario tiene que ver con el cuerpo, con el deseo de las narradoras de mostrar a través de sus personajes femeninos su intimidad completa, agrega quien impartió clases en Angola y Mozambique durante el último periodo de la Guerra colonial portuguesa.

No sé cómo explicarlo. Por ejemplo, aunque haga frío, ellas muestran sus brazos. Se maquillan en demasía, enfrentan la uniformidad de los hombres diciendo ‘nosotras somos diferentes, aquí estamos’. Abogadas que se ponen pestañas postizas, que parecen mujeres de la calle pero no lo son; gritan ‘yo soy fuerte, quiero que vean mi feminidad absoluta’. Usan el erotismo como forma de poder”, detalla.

Finalmente, la también ensayista y dramaturga, destaca que en el quinto feminismo que se explora hoy en día, que tiene su caldo de cultivo en las redes sociales, la palabra posee un valor vital.

Vemos a la mujer como la portadora de la verdad, como la guardadora de este tesoro cada vez más devaluado. Ellas no dejan que ocurra la falsedad. Se hacen escuchar. Esta es la principal característica”, indica.

El mundo global que el Internet parece poner al alcance de la mano entra en conflicto con el familiar, el cercano, que revalora en la historia que acaba de publicar, Estuário.

Abordo la resistencia de esta célula social. El protagonista, un joven que desea dejar un mensaje sobre el gran peligro del mundo, no se percata que su familia está perdiendo todo a raíz del suicidio de su padre. Y comprende que no puede salvar al mundo, si no salva primero su proximidad; que debe empezar por crear la armonía cerca de él”, asegura.

MEMORIA Y JUVENTUD

A Lídia Jorge le interesa que los jóvenes se acerquen a la historia, al pasado de su país, para que entiendan mejor el presente. De este deseo nació Los memorables, una historia sobre la traición de la memoria.

Es el conflicto entre la parte heroica de la revolución y la parte quijotesca de la democracia, porque ésta posee valores importantes, pero es obligada a no tener la utopía presente; su utopía es doméstica, no heroica. Pero para romper una dictadura es necesario una utopía heroica”, advierte.

La también autora de literatura infantil añade que confeccionó este libro para decir que “la revolución debe ocurrir cuando la realidad es insoportable y, en el caso de la dictadura portuguesa, lo fue y hubo gente capaz de romper con eso, aún a costa de su propia vida. Los jóvenes deben saber que cuando la realidad es insoportable hay que cambiarla, cueste lo que cueste”.

La ganadora de premios como el Albatros de la Fundación Günter Grass, el Luso-Español de Arte Cultura y el Vergílio Ferreira, recuerda a los jóvenes que “la resistencia no pasa por la televisión ni por el Internet; éstos engañan a la gente, la adormecen, crean inmovilidad. Lo único que salva es la memoria”.

Y lamenta que las nuevas generaciones no quieran conocer su pasado.

Los jóvenes se dividen en dos: los pragmáticos, que no leen la historia, y quienes sí se acercan a ella, que son una minoría. Pero esta minoría me da esperanza, porque se sienten orgullosos de la Revolución de los Claveles –el levantamiento militar del 25 de abril de 1974, que provocó la caída de la dictadura que dominaba Portugal desde 1926- y me hacen pensar que la literatura y el arte enriquecen el alma”.

Finalmente, la autora de  Noticia de la ciudad silvestre y La costa de los murmullos, adaptada al cine en 2004, confiesa que el 2019 trabajará en el acercamiento de su obra completa a los lectores mexicanos.

EXCELSIOR