Hornean elecciones extraordinarias, en las que además de Leonardo Amador, también el PRI y el PT dirán adiós a sus regidurías .

Por Skinner II

En Poza Rica existen muchísimos intereses que ejercen presión para realizar elecciones extraordinarias, pero más allá de la guerra partidista, será una nueva oportunidad para que la ciudadanía decida con mayor claridad qué proyecto político merece gobernar. Sin embargo en medio de este escenario, hay una candidatura que ya comenzaría mal: la de Leonardo “Naro” Amador, quien el proceso pasado fue designado por el PAN, en una arbitraria decisión cupular, más que un consenso real con la militancia.

Con un historial marcado por las traiciones políticas —primero al PRD y a su padrino político Goyo Gómez, luego a aliados empresariales y finalmente a los propios panistas—, Leonardo Amador arrancaría esta nueva contienda no solo con el peso de su manchado nombre, sino con el desprestigio que arrastra entre los suyos. Su padrino político, Enrique Cambranis, intenta apuntalarlo, pero ni él podrá salvarlo del juicio de una militancia que ya no tolera imposiciones ni simulaciones.

En la elección reciente, Naro logró que el PAN metiera tres regidurías. Pero si algo es claro, es que este nuevo intento le costará caro al blanquiazul. De repetir la fórmula de las traiciones, apenas alcanzará una regiduría, y eso si el voto de castigo no es más severo.

Leonardo Amador enfrenta una derrota anunciada. Porque en política, como en la vida, la traición no suma… resta.

La ciudadanía no olvida, y también a los partidos paleros como el PRI, Verde o PT les llegará su castigo, pues tampoco suman lo que sus líderes creen y sus regidurías se van a diluir como sal en agua. De darse esta elección será una carrera de dos: Movimiento Ciudadano y Morena, aunque este último sacará ventaja clara de los programas sociales que, tres meses antes de los comicios, habrán suavizado a un electorado necesitado de recursos, esos que llegan a través del Bienestar.

En este tablero donde muchos ya están fuera antes de comenzar, lo único seguro es que el cinismo político tiene fecha de caducidad. Y aunque algunos aún se aferren a cargos o padrinazgos, el verdadero juez será el voto popular. Y ese, a diferencia de los partidos, no perdona.