EL ORIGEN DE LA DIOSA TONANTZIN
Antes de la fundación de México Tenochtitlan, los mexicas vivían cómo vasallos en tierras de Culhuácan, cuyo tlatoani, llamado Coxcox (pronunciese Coshcosh), estaba enemistado con los xochimilcas y por lo cual comenzó una guerra, llevando a los mexicas al frente.
Los mexicas iniciaron el combate cuerpo a cuerpo, pero no mataban a sus contrincantes; los desarmaban y les cortaban una oreja, la cual guardaban en unas bolsas hechas con hilo de maguey.
Los colhuas, que marcharon detrás de los mexicas, fueron apresando a los xochimilcas heridos que encontraban a su paso. Y como era costumbre después de la guerra ir con el tecutli a mostrar los prisioneros, los guerreros colhuas fueron orgullosos con su señor Coxcox y mostraron sus prisioneros, quien celebró su hazaña.
Los mexicas por su parte no llevaban prisioneros sino canastas.
—¿Dónde están sus prisioneros? —preguntó Coxcox.
—Mi señor —dijo uno de los mexicas sin mostrarse intimidado por las burlas de los soldados colhuas—, bien sabíamos que el habernos ordenado que fuésemos delante a embestir primero a los xochimilcas fue para que ellos descargaran en nosotros su furia, se agotaran y tuvieran menos dificultad tus colhuas. Hallarás que a todos los prisioneros que te han traido tus soldados les falta la oreja derecha —los mexicas caminaron al frente y uno a uno fueron vaciando las orejas.
Después de esto, los mexicas invitaron a Coxcox a las celebraciones del dios Huitzilopochtli. Pero para Coxcox los mexicas seguían siendo esclavos, insignificantes, bárbaros a los que podía utilizar cuando le diera la gana.
A la noche siguiente llegaron unos colhuas y embarraron de mierda al dios Huitzilopochtli y dejaron un pájaro bobo muerto, lleno de sangre. Tan imperdonable ofensa no hizo más que provocar la ira de los tenochcas que limpiaron a su dios para la fiesta que se llevó a cabo cuatro días después.
Los sacerdotes acudieron ante el dios Huitzilopochtli, y éste les dijo que para que los colhuas pagaran su ofensa debían dar en ofrenda a una de sus hijas más amada.
Así que los mexicas dejaron pasar unos años y pidieron al nuevo tecutli colhua, Achitometl, que diera a su hija para que se convirtiera en la señora madre de los mexicas. El señor de los colhuas vio que los mexicas hacían mucho por crecer y concluyó que pronto serían un pueblo de grandes riquezas; entonces les dio a su hija más amada: Teteoinan, para que fuera su señora madre, su diosa a la que adorarían por siempre.
La joven fue recibida por los mexicas con grandes fiestas y regocijos; días después fue sacrificada y desollada. Luego una embajada mexica visitó al padre de la doncella y lo invitó a venerarla.
Achitometl aceptó sin imaginar lo que vería. Llevó una gran cantidad de regalos para su hija pero al entrar al teocali vio a su hija muerta y sin piel. Alrededor de ella un mancebo danzaba con la piel de Teteoinan sobre sus hombros como una capa mientras otros tocaban unos tamborcillos.
Con llanto y sin poder hacer más por ella, Achitometl salió del lugar y ordenó a sus guerreros que mataran a los mexicas, pero no lo lograron.
Semanas después, los mexicas llevaron el cuerpo de Teteoinan a un cerro en Tepeyacac (es correcto «acac»), lo sepultaron y construyeron el adoratorio de la diosa Tonantzin, quien desde entonces y por siempre sería la madre de los mexicas.
OTROS NOMBRES
Toci, Cihuacóatl, Chicomecóatl, Citlalicue, Coatlicue, Tonacacíhuatl, Omecíhuatl.
LA IMPOSICIÓN DE GUADALUPE
Tras la conquista de México Tenochtitlan los españoles destruyeron el teocali de la diosa Tonantzin e instalaron en Tepeyacac un estandarte de la virgen de Extremadura España, justamente donde nació Hernán Cortés. Una virgen que tenía por los menos 100 años de ser adorada por los españoles y que había aparecido a la orilla de un río llamado Guadalupe. Y que por lo mismo la llamaban «virgen de Guadalupe».
Pero la virgen que ellos traían no es la misma que todos conocemos. Hernán Cortés llegó a América con un estandarte de una virgen que cargaba un niño Jesús en el brazo izquierdo y un cetro de cristal en la mano derecha; y bajo sus pies se hallaba una media luna humillada, el símbolo del Islam.
La imagen de la virgen que hoy conocemos tiene una media luna bajo sus pies para humillar a los musulmanes que invadieron España por más de 800 años.
Por otra parte, fray Juan de Zumárraga, arzobispo franciscano, quien dice la iglesia católica recibió a Juan Diego, jamás escribió sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe. No existe documento alguno entre 1531 y 1548 que narre sobre las apariciones de la virgen de Guadalupe.
De hecho, Fray Juan de Zumárraga escribió años después de 1531: «Ya no quiere el redentor del mundo que se hagan milagros, porque no son menester».
La veneración a la Virgen de Guadalupe inició en Nueva España, entre 1550 y 1555, tras la muerte de fray Juan de Zumarraga, a partir del arzobispado del dominico fray Alonso de Montúfar, el mismo que ordenó que se enterrara La Piedra del Sol.
Fray Francisco de Bustamante aseguró en su sermón, el 8 de septiembre de 1556, que la imagen fue pintada por un indio llamado Marcos. Una imagen que inicialmente tenía una corona.
La iglesia católica sostiene que las apariciones de la virgen a Juan Diego están narradas en un códice llamado Nican Mopohua, lo cual es falso pues los códices no eran escritos ya que los mexicas no tenían una grafía, es decir no sabían escribir, y mucho menos con el alfabeto europeo. El Nican Mopohua es un documento escrito en 1556, en náhuatl con alfabeto europeo y se le atribuye a un indígena al que llaman Antonio Valeriano, no obstante no hay pruebas de la existencia de dicho personaje ni de Juan Diego.
El nombre Guadalupe proviene del árabe Wādi al-lub, “río de cantos negros” o “río de lobos”. Todas las palabras que comienzan en «Guad» son árabes, como Guadalajara Wādi al-ḥiŷara «río de piedras» o «río que corre entre piedras» o Guadarrama Wādī-r-Raml, «río del arenal».
Más información en las novelas «Enigmas de los dioses del México antiguo» y «Tezozómoc, el tirano olvidado».
