Antes de sufrir una humillación mayor, Donald Trump decidió este miércoles atajar por lo sano la sangría de grandes empresarios que abandonaban los órganos asesores que creó. El presidente estadounidense desmanteló dos consejos que estaban al borde del colapso ante la desbandada de directivos como protesta por la tímida respuesta del republicano a los disturbios racistas del fin de semana en Charlottesville (Virginia). Trump, que prometió llevar a la Casa Blanca sus dotes en los negocios, ya estaba aislado políticamente y ahora también empresarialmente.
Los consejos económicos tienen sobre todo una función ceremonial que permite a los directivos tener una interlocución con la Casa Blanca. Con sus reuniones que vestía de parafernalia con altos ejecutivos, Trump trataba de proyectar la imagen de presidente empresario que trae puestos de trabajo a Estados Unidos. La economía es la principal baza del republicano en las encuestas y él se atribuye la buena marcha del mercado laboral y bursátil. Pero los consejos asesores han acabado naufragado por la acuciante polarización que despierta el magnate inmobiliario. Su reacción inicial a las deserciones fue enfrentarse a los empresarios y humillarlos públicamente.
“En vez de poner presión a los empresarios del consejo industrial y el foro de estrategia y política, estoy acabando con los dos. Gracias a todos”, anunció Trump en Twitter
El mensaje del presidente trataba de dar a entender que la iniciativa fue suya. Pero los miembros del foro de estrategia explicaron en una nota posterior que el debate de los últimos días sobre su participación en estos grupos se estaba convirtiendo en una «distracción» en las discusiones que mantienen con la Casa Blanca para impulsar la economía y el empleo. Para ellos se hizo imposible defender antes sus empleados y clientes la retórica de confrontación del presidente. Jamie Dimon, consejero delegado de JPMorgan Chase, Mary Barra, de General Motors, y Jeff Immelt, presidente de General Electric, consideran que la labor del presidente es «unir a la gente».
Al menos ocho de los 28 directivos que integran el consejo industrial habían anunciado su dimisión en protesta por la reacción equidistante de Trump a la violencia en Charlottesville, donde un neonazi mató en un atropello incendiado a una manifestante antisfascista. Y poco antes del anuncio de desmantelamiento de Trump, el segundo consejo, de asuntos estratégicos, estaba a punto de sufrir la dimisión masiva de sus 19 integrantes.
Los constantes exabruptos del mandatario colocaban ante un dilema a los grandes empresarios que le asesoraban: ¿Qué es más importante tener cercanía al hombre más poderoso del planeta y poder influir en sus decisiones o quedar manchados por su retórica? Como dicen en Wall Street, es uno de los momentos más difíciles para la “conciencia” de los consejos de administración a la hora de proteger la imagen de sus marcas y evitar adentrarse en la pelea política.
Entre las empresas que asesoraban a Trump, estaban algunas de las más importantes del mundo, como Walmart, Boeing, Ford o Blackrock. En una muestra de la creciente impaciencia, el consejero delegado de Walmart, la mayor cadena minorista del mundo y el mayor empleador privado de EE UU, lamentó el martes que el presidente perdiera “una oportunidad crítica” para unificar el país. En una carta a sus 1,5 millones de empleados, Douglas McMillon pidió a Trump “claridad y consistencia”.
“La desbandada hará más difícil para Trump movilizar a los empresarios y sus votantes en el futuro, y manda la señal al aparato del Partido Republicano de que el comportamiento de Trump es inaceptable”, sostiene George C. Edwards, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Texas A&M y experto en estudios presidenciales.

