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Emilio Sosa Padrón, beisbolista pozarricense

Beisbolista Estelar de los Petroleros de Poza Rica y Récord Nacional

Al recordar a los Petroleros de Poza Rica en el beisbol profesional, en la Liga Mexicana de este deporte desde 1958, es inminente recordar a una formidable constelación de enormes jugadores que le dieron un lustro muy singular a la ciudad de Poza Rica.

Grandes guantes defendiendo las praderas del Merino y campos que visitaron, destacados jonroneros de gran linaje, pitchers de grandes hazañas, y en general de todas las posiciones y manejes. Pero es muy grato el poder recordar a Emilio Sosa Padrón, “El Picapiedra”, que legó en los trece años que jugó con la franela de esta ciudad, un récord de hits y de alto porcentaje.

Nació en Ciudad Mante, Tamaulipas, el 27 de diciembre de 1942, y siendo hoy en día el máximo ídolo de su tierra natal. A Emilio Sosa, conocido en las Ligas locales de Ciudad Mante, Tamaulipas, como “La Payasa”, lo firmó Poza Rica en 1961.

Lo asigna a la sucursal de Los Petroleros de Salamanca, Guanajuato, debutó como beisbolista profesional en la Liga Mexicana del Centro en ese año, fue beisbolista de buena velocidad y muy mesurado, que lo llevó a ser sobre la grama y fuera de ella un beisbolista disciplinado y ejemplar.

Después de dos temporadas en tierra guanajuatense, dejó a los petroleros de la refinería y reportó con los Petroleros de Poza Rica, en 1963 a la edad de 21 años y enormes facultades para la pelota caliente, lo que cifró grandes expectativas en su nuevo club, que tenía un clima muy parecido a su tierra de origen, fue muy bien recibido por la afición pozarricense, que admiró su juventud y entrega.

Los conocedores de beisbol lo destacaban como un bateador que sabía chocar la bola e incluso decían que tenía la virtud de colocar sus batazos, lo que lo convirtió en un hitero efectivo.

En muchas ocasiones de su larga carrera, cuando tenía a un jugador en la tercera base, era muy común que recibiera la señal de elevar a los jardines y remontar carreras con la opción del “Pisa y Corre”, lo que ejecutaba con precisión muy efectiva, siendo su turno al bat, lo que le decían batazo de sacrificio.

En la Temporada del año de 1964, Emilio Sosa en la segunda temporada seguía adaptándose al nivel de la Liga Mexicana y aprendiendo de jugadores de enorme calidad, el sueño de grandeza era parte de su empresa, el sueño de todo novato.

Así pasó esta temporada dentro del Parque Merino, donde cada día se convirtió en un consentido de la afición, que si algo tenía era ser muy conocedor y con ese olfato del buen catador del Rey de los Deportes.

En la temporada de 1965, el equipo de los Petroleros de Poza Rica inició como cada año con las mejores expectativas y uno de los róster más competitivos de su época, entre ellos George “Bobby” Prescott, Saúl Mendoza, Guillermo López, Elpidio Osuna, Javier Hernández, Ángel Scull, y no se puede dejar de mencionar el admirado Iberio Muñoz “La Balanza”, entre otros de enorme bagaje beisbolero.

Otra galantería que se vivió en el año de 1965 en el Parque Merino de Poza Rica fue cuando comenzó el trigésimo cuarto Juego de Estrellas de la Liga Mexicana de Beisbol el 18 de junio de ese año a media temporada, entre jugadores mexicanos contra los extranjeros de los equipos participantes de la temporada, penosamente Emilio Sosa no apareció en el Line Up de los jugadores mexicanos, partido en el que la pizarra del Merino al terminar la novena entrada indicaba 7 carreras a 2 en favor de los que vestían la franela extranjera.

En esa Serie inolvidable del Parque Merino los jugadores petroleros que fueron convocados destacaron Winston Brown, ganador del último encuentro y el panameño Manuel Antonio Díaz “El Copa Castillo”, que gana la prueba de campo como receptor, además de haber conectado un jonrón de tres carreras por arriba de la marca los 375 pies del jardín central, lo lamentable es que jugaron con los extranjeros.

Al finalizar la temporada 1965, los Petroleros de Poza Rica, el center filds Emilio Sosa se coronó campeón bateador de Liga Mexicana con un porcentaje de 0.368, que es considerado muy alto, inclusive encima de George “Bobby” Prescott, que fue el campeón de jonrones con treinta y nueve toletazos de cuatro bases, el que repitió en el siguiente año pero con cuarenta y uno.

De esa forma, Emilio “El Picapiedra” lanzó por lo más alto su fama y dejó el testimonio que algún día del futuro lo catafixiaría al Salón de la Fama y en los Libros Sagrados de records del beisbol, méritos alcanzados a la edad de 23 años, que denotaban un futuro mucho mejor.

El ya consagrado jugador de los Petroleros de Poza Rica fue bien exaltado por el apreciable cronista de la Pelota Caliente, Don Jorge Alarcón Rubio, quien fue mejor conocido como “Sony Alarcón” y corroborado por Antonio Andere Daher.

El experto periodista deportivo mexicano, Pedro Septién Orozco “El Mago Septién”, legendario locutor y cronista deportivo no se sustrajo de hacer su calificativo y dio un futuro promisorio al famoso “Picapiedra”, a quien la afición pozarricense se le había entregado muy cálidamente e idolatrando, como la afición petrolera lo sabía hacer, y quienes fueron testigos de su grandeza.

Emilio Sosa siguió conservando el mismos porcentaje, y siendo una garantía en lo verde del Center Filds, cualidades con las que jugó la temporada de 1966, pero ya iniciada la temporada, se fue a la Unión Americana y reportó con el equipo de The Pawtucket Indians, que era sucursal del equipo Indios de Cleveland en la recién creada Liga Eastern, teniendo como sede el McCoy Stadium, Emilio estuvo ahí hasta fin de ese año dejando, constancia de su bateo aprendió cosas buenas.

En el año de 1967, Emilio Sosa retorna a Poza Rica y se integra nuevamente a los Petroleros de sus amores, con un reencuentro lleno de calidez con la afición. Aquí juega nuevamente las temporadas 1967, 68 y 69, para después pasar al grandioso equipo de Las Águilas de Veracruz, que jugaba en el Puerto Jarocho, dejando de nuevo tierra petrolera.

Emilio Sosa en la Liga Mexicana del Pacífico formó parte de las novenas de los Algodoneros de Guasave, alternó con jardineros como Ramón “Diablo” Montoya, Paúl Aldrete y Arturo Bernal en los jardines.

En la temporada 1968-69 jugó con Los Cañeros de Los Mochis, Sinaloa, en donde se coronó campeón de la Liga del Mexicana del Pacífico, temporada en que jugó en el cuadro en algunas ocasiones a instrucción de su manager, Benjamín “El Papelero” Valenzuela.

Liga en la que dejó también testimonio de un bateador arriba de los 0.300 logro que lo llevó a participar en una Serie del Caribe en Santo Domingo, República Dominicana.

En 1970, Emilio Sosa Padrón pasó a El Águila de Veracruz, quien con su bat los impulsó a conseguir el quinto título de su historia, en la considerada “Serie Roja”, ya que fueron campeones al vencer con el score de 4 triunfos de las Águilas por 2 de los Diablos Rojos del México.

Emilio compartió los prados en el jardín izquierdo con Rolando Camarero que bateó para 0.320, el jardín derecho estuvo a cargo de Wilfredo Arano y en el central Emilio Sosa, quien en aquella serie anotó 4 carreras e impulsó 4.

Durante toda esa temporada, solo hubo tres jugadores que batearon por arriba del 0.300 de porcentaje, fueron Emilio Sosa con 0.328, Roberto Ortiz “El Ingeniero” dio 0.305, que jugaba la tercera base, y Rolando Camarero 0.304.

Año en que Emilio refrendó su eficacia con el bat y el buen porcentaje de bateo muy homogénea en su carrera hasta ese año.

Las cinco temporadas siguientes permaneció con su nivel con los Petroleros de Poza Rica, donde la historia también lo registra jugando la última temporada en el Parque de Beisbol Ing. Jaime J. Merino, ya que el 21 de agosto de 1967 se dio la noticia oficial que este coloso lleno de historia iba a ser desmantelado. Jugando de ahí en adelante en el Campo Heriberto Jara Corona.

La temporada 1977, con 35 años de edad pasó a jugar con Los Alijadores de Tampico, paso efímero de solo siete partidos. De ahí pasó a la Liga Mexicana del Centro vistiendo el uniforme del equipo de Ciudad Valles, San Luis Potosí, donde se retiró.

Emilio dejó después de ese año del adiós a su carrera profesional, bateando 1,412 hits, un porcentaje medio de 0.312 milésimas de bateo, en carrera de 15 años jugó 1300 partidos, de esos cuarenta y dos con El Águila de Veracruz, durante seis años consecutivos fue considerado en la tercia de mejores filders de la Liga Mexicana de Beisbol.

Estos números lo colocan dentro de los mejores bateadores de la historia del beisbol profesional. En ese tiempo, ganó un título de bateo en la Liga Mexicana de beisbol profesional en la Liga de Verano.

Durante su carrera, siempre se mantuvo con buena condición física y de buena actitud. Esto lo aseveró Alfredo “Lobito” Meza, un pitcher efectivo y elegante, con números que hacen probar su calidad como pitcher en los circuito en donde tuvo acción y que un día dijo sin vacilar en una entrevista, el bateador más difícil que enfrenté fue Emilio Sosa, ya que siempre regó hits por donde él quería, chocador de miedo.

Dentro de Ciudad Mante, Tamaulipas, tierra nativa de Emilio Sosa Padrón, existe un campo para beisbol que se encuentra en la colonia Miguel Alemán que lleva su nombre, designación, dicho por los ciudadanos, fue con justo mérito a quien es una leyenda del beisbol que le dio titánico esplendor a Ciudad Mante durante su larga carrera profesional en la Liga Mexicana, fundamentalmente jugando con los Petroleros de Poza Rica, equipo donde tuvo una época de inmensa gloria y una carrera llena de aciertos, con la virtud de que nunca fue presuntuoso, vale por eso enviar un agradecimiento al inolvidable Picapiedra hasta Ciudad Mante.

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