sábado, junio 15, 2024
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El Huéleque, hoy la legendaria colonia Benito Juárez

Poza Rica, una mirada atrás

Por JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ BADILLO – CRONISTA MUNICIPAL

La Congregación El Huéleque fue una amplia zona de plantío de maíz y años más tarde de plátano en la llamada época del Oro Verde, al entrar en operación La Maquinita que circulaba del muelle de Cobos, en la ribera del río Tuxpan al Campo petrolero de Furbero, le correspondió ser el Kilómetro 54 de las vías, que permitió ser poblada.

En la ribera del arroyo se instaló la Compañía Whell and Keith que se dedicó a la exploración del petróleo y de ahí se derivó el nombre de Huéleque, un tiempo después se elevó a la categoría de Congregación y en 1951 fue una de las cuatro que integró el municipio de Poza Rica. Donde vivieron personajes que han sido destacados en la vida de la ciudad.

El dinamismo de esta zona agrícola propiedad de Don Aurelio Chino, que tenía la tierra dedicada a la siembra de maíz, la colindancia con un arroyo de aguas claras le dio mucha benevolencia con su humedad. En la década de los años treinta, esta cambió a la producción de plátano en la grandiosa época del Oro Verde que trajo la Weinberger Banana Company, en este mismo periodo, en la colindancia con el derecho de vía de los rieles de La Maquinita, se fueron sentando viviendas a base de madera con techo de láminas de cartón, lamentablemente sin servicio alguno.

En el mes de mayo de 1929, la compañía de Rafael Ortega que trabajó para su homóloga, El Águila, edificó unas oficinas de madera para instalar una subsidiaria que se dedicaría al levantamiento y estudios geológicos, Whell and Keith que fue una de sus subsidiaria, al frente estuvo como jefe el norteamericano Mr. Welkin, precisamente junto al puente metálico por donde cruzaba La Maquinita el arroyo y previo, estaba el letrero que decía Welcome, que daba la bienvenida a quienes entraban al Campo Petrolero de Poza Rica.

Empero, la afluencia de trabajadores que se emplearon para trabajar en geología, al querer mencionar el nombre de la compañía, decían “La Huel que” y otros “Huéleque”, que le dio al final el nombre al arroyo y el legendario puente peatonal, confinado por los dos vehiculares.

Escuela Benito Juárez de la Congregación El Huéleque en 1940.

En el transcurso del tiempo, el éxito petrolero y la expiación urbana, se asentó más gente a lo largo de las vías, que junto con el arroyo y la calle Once colindó la antes Congregación, en la década de los años cuarenta, Don Eduardo Cestafe Bustillos instaló una granja avícola que produjo por muchos años en lo que hoy es la calle Dos. En la esquina de la hoy calle Nueve y la Avenida Central Norte, que después se convirtió bulevar Adolfo Ruiz Cortines, estuvo un centro nocturno con damas que alquilaban su cuarto cortejando a los señores que lo rentaban, llamado El San Luis, fue de madera y atrajo a muchos petroleros, al final se quemó como en 1958.

Para fines de los años cuarenta instalaron el Rastro de Poza Rica, sitio donde se sacrificó animales de consumo en la región, siendo introductor de ganado Ubaldo Villegas García, quien adquirió a Don Eduardo Cestafe su granja que estuvo en la avenida Dos, la que más tarde cambió en seis departamentos para renta, contiguo edificó su amplia residencia, donde vivió con su esposa Martha Patiño y sus hijos.

En ese mismo tiempo Don Arturo Barragán Ponce inició a edificar departamentos para renta en la esquina de la Calle Cinco y las vías de La Maquinita, por el mismo lindero esquina con la calle Once se instaló la primera tienda de abarrotes llamada El Regiomontano, de Cecilio Garza Treviño, en la calle Nueve se erigió el salón “Eva Márquez” y poco más tarde se llamó “Tocororo Club”, ambos se usaron como salón de usos múltiples, entre otros bailes públicos, funciones de cine, lucha libre y box. Años seguidos, Juan Osuna le cambió el giro y puso el restaurante El Kiosco, que vendió después a Manuel Rodríguez Garza y que al faltar atienden sus hijas.

En la década de los años cincuenta la Congregación tuvo mayor consolidación, se perforó dentro de su suelo el Pozo Poza Rica 136, con esto el Ing. Jaime J. Merino favoreció la alineación de las calles, que se revistieron de grava y permitió el mejor paso vehicular. Sobre la calle nueve se asentaron otras familias, Don Fernando Villegas García, empresario que tuvo carnicerías, Don Armando Ibarra Camberos, papá del destacado Traumatólogo, Dr. Ernesto Ibarra Santes, Médico del América y la selección mexicana de futbol, Carlos Plandiura González, distinguido hombre de letra, y Don Palemón Del Ángel, quien invirtió en una cuartería.

Jóvenes que representaron a la emblemática colonia Benito Juárez en diferentes disciplinas deportivas.

El 13 de noviembre de 1951, el Congreso del Estado de Veracruz desapareció las congregaciones: Poza Rica, PetroMex, Poza de Cuero y Huéleque para declarar el municipio libre de Poza Rica de Hidalgo, Ver. Así, El Huéleque se extinguió y se convirtió en la colonia Benito Juárez, el nombre se adoptó de la escuela ubicada en la avenida Uno y calle Cinco, esta se erigió con apoyo del patronato integrado por Luis Ramos Juárez como presidente, Marciano Hernández Secretario y Arturo Barragán Ponce de tesorero de la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material con el lema “Por la Patria y su Cultura”.

La escuela de madera fue derribada para construir una de dos plantas, su director fue Antonio Aróstegui Rodríguez, en donde el profesor Santos San Román Vidal fue un maestro de alto perfil en el medio escolar. Años más tarde, en la calle Once nació el Colegio Poza Rica, de la maestra Teresa Castro Cervantes, en la avenida Uno vivió el profesor Agustín Ochoa Arana y su esposa, maestra Clara Contreras.

En esta colonia, donde llegaron familias y personajes como el Dr. Enrique Padilla Gutiérrez, que en 1954 instaló el Sanatorio Guadalupe usando los departamentos del Sr. Arturo Barragán Ponce. En Septiembre de 1960, la Comisión Federal de Electricidad al llegar a Poza Rica puso la agencia en el mismo sitio, cuando inició la instalación de los temibles medidores y empezó el cobro de la energía eléctrica, la oficina quedó asentada en el bulevar Adolfo Ruiz Cortines con la calle Cinco y, con esta dependencia llegaron los trabajadores, en su mayoría de Veracruz.

Jarochos perennes, hombres admirados y sin temor a tomar un cable eléctrico, la calle Dos se colmó y contagió de su alegría, en cada casa existía una consola con acetatos de temas guapachosos de la Sonora: Matancera, Santanera y Veracruz, las melodías del Flaco de Oro, Agustín Lara y Toña “La Negra” entre otros, gente simpática y bullanguera, cuando venía el equipo de “Las Águilas” de Veracruz, se asignaban unas gradas del Parque Merino y le ponían candela pura al ambiente, ganándose la simpatía de la fanaticada. En diciembre las delicias de sus vecinos eran al festejar los cánticos navideños de la Rama, los que trajeron para siempre.

Armoniosas convivencias infantiles en la colonia Benito Juárez en los años 50.

Siendo una colonia muy pequeña, el comercio se instaló y satisfizo a los vecinos, en el bulevar Adolfo Ruiz Cortines, entre las calles Nueve y Once, Don Armando Samperio, que fue originario de Pachuca, Hidalgo, puso la Panadería La Primavera de muy buena calidad, colindó con la tienda El Regiomontano Don Cecilio Garza Treviño. Doña Julia Gándara y Don Manuel Cervantes instalaron otra tienda de abarrotes en la avenida Dos y calle Cinco, famosa por su expendio de petróleo diáfano que se usó como combustible de quinqués y estufas, sobre el bulevar, Don Ubaldo Villegas tuvo la carnicería La Covadonga.

En la esquina de la avenida Uno y calle Tres, la tienda “Don Pepe” de Don José Díaz Delgadillo, comerciante originario de los Altos de Jalisco que llegó a Poza Rica en 1950.
En las entrañas de la pequeña colonia vivieron muchos personajes, algunos que le han dado considerable lustro: Dr. Juan Manuel Mora Castro y Monserrat Plandiura González, su esposa. Doña Martha Matuk, gentil mercante, Pedro Greco Negreti, dueño del restaurante “El Alcázar”.

Don Agustín Rodríguez Ferral y su fábrica de gelatinas y refrescos de esencia “Los Periquitos”. Don Manuel Campos Silva un ganadero afamado. Doña Etelvina Saavedra Pérez “La Güera” rentó una casa al Sr. Ernesto Correa en la Avenida Uno y calle Siete, la cambió en un nido culinario de Poza Rica, donde comensales de la sociedad degustó sus guisos diariamente.

Dora Del Ángel y Lupita Alvarado de Ruiz, ambas como modistas de alta costura. Políticos de talla como: Efraín Capitanachi, Don Benito Berman, Don Ignacio Neri Soberanes, Don Sacramento Ramírez Sánchez este en la calle Once, en la Cinco Leónides Barra García. En la calle Siete vivieron los esposos José Pascual Torres Hernández y Ciria Estrada Torres, en la misma, Licha Amador y Don Cecilio Rojas Marcos, uno de los primeros fundadores del Huéleque. El encanto de los niños fue Máximo Téllez Garrido, quien en una débil casa de madera fue el vendedor de las codiciadas estampillas, álbumes, cartulina para jugar a las Serpientes y Escaleras con su respectivo dado, la matatena y juegos similares, hermano de Don Lucio, el destacado mecánico dental de Poza Rica.

El deporte también tiene su estela de decoro, en la plataforma del Pozo Poza Rica 136, se trazó un Campo de Futbol, en él, por las tardes niños y jóvenes golpeaban con decoro un balón de futbol, ahí vivió Don Marcelino Sánchez, promotor de box y lucha y patrocinador del equipo Ciudad Madero primero en integrase en la calle Dos, y participar en la Liga MAC, que organizó Cayetano Ledezma García.

Puente El Huéleque, origen de la Congregación y hoy colonia Benito Juárez.

El Ciudad Madero rivalizó ferozmente contra el “Cruz Azul” de la calle Once, de donde salió Javier “Pitis” Loya a Primera División profesional para Los Tiburones Rojos de Veracruz, y representó más tarde a México en una Olimpiada. Destacó otro futbolista, Guillermo Cruz Rodríguez, “La Changa” jugó con el equipo de Poza Rica F. C. de Segunda División Profesional. El venezolano Luis García Beltrán, beisbolista de los Petroleros de Poza Rica conocido como “El Camaleón” García.

En los años setenta los hermanos: Fernando y Pepe Villegas Patiño retomaron el equipo “Estrella Roja” del futbol amateur y junto a Othón y Eduardo Villegas, Pepe Ugalde, Armando Olvera, Ernesto Ibarra Santes, Mauro Velázquez Chino.

Entre los íconos indelebles del lugar están el billar y cantina “Montecarlo” de Don Isaac Báez Lara, la Hielera de Aguirre Bacerot, el Molino de Don Florentino López Alberdi. Cantinas “La Cumbia” y Las Vegas, el edificio de Don Mario Cabrera Hernández, la añeja construcción que realizó Petróleos Mexicanos y que estuvo abandonada mucho tiempo, en ella se jugaba futbol tipo salón, se usó para fiestas y bailes populares, en él, en 1957 los misioneros Franciscanos lo usaron como iglesia, más tarde se utilizó para el Instituto Mexicano de Protección a la Infancia, el IMPI, en conclusión quedó como un kínder. Sobre el bulevar La Peluquería Cerón, desde 1984 la cenaduría La Chiquis, que inició Don Margarito Yamada Trejo.

En la esquina que conforman la Avenida Dos y la calle Cinco vivió el Sr. Manuel Rocha Urrutia, quien atinadamente invirtió en un inquilinato para solteros. Al final de la calle Cinco vivió Don Juan Jácome, que trabajó como soldador en Petróleos Mexicanos que fue contribuyente para levantar el Puente de Los Novios, pasarela peatonal que ligó las colonias Benito Juárez y 27 de Septiembre. En la Calle Siete, vivió Felipe Ojeda Medina, músico que brilló por su calidad de saxofonista. A todos ellos y algunos otros omitidos involuntariamente les debemos esta colonia.

¡Que lo más sagrado que está arriba proteja a esta gran gente!.

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