El Campo J. J. Merino

Sitio de jugadores, personajes y protagonistas en su historia

El Parque Merino fue en su momento uno de los céspedes para jugar beisbol más selectos del país, por su pasto pasó una enorme cantidad de peloteros integrantes de la dinastía de su época, todos fueron dueños de un palmarés que los colocó en lo más escogido de este deporte; bajo los reflectores del Merino quedaron récords, anécdotas, sucesos y jugadas que aún se evocan después de muchas décadas de que sucedieron y la misma desaparición del coloso de la colonia Obrera.

Pero el beisbol no fue el único espectáculo ni deporte que se ejerció en el Merino: futbol profesional, diversos eventos de atracción social, boxísticos y artísticos engalanaron su espacio para júbilo de la afición, que fue otro espectáculo aparte ver las gradas siempre llenas.

Para muchos especialistas del beisbol, uno de los más grandes en este deporte en la historia de Poza Rica, el país y en los Estados Unidos de Norteamérica, la gran carpa para la pelota caliente, ha sido sin duda Roberto Francisco Ávila González, quien en el medio beisbolero se conoció como Beto Ávila, un soberbio beisbolista que para orgullo del Parque Merino y Poza Rica, sobre su césped fincó su gran sueño de colosal pelotero, derramó su calidad como jonronero y su guante de reconocida calidad en los inicios de la década de los años 1950.

En la temporada 1954-1955 su inclusión en el equipo local fue determinante para que Los Petroleros de Poza Rica se alzaran como campeones de la Liga Invernal Veracruzana superando a Los Pericos de Puebla. Esto le dio el derecho a llegar a La Serie Invernal del beisbol mexicano para disputar con Los Venados de Mazatlán, campeones de la Liga del Pacífico; los partidos fueron en ambas ciudades, la serie fue narrada y comentada por los destacados personajes de la crónica deportiva, el Sr. Antonio Andrade y Don Jorge Soni Alarcón, la que al final ganó Mazatlán. Beto Ávila jugó en la segunda base junto a grandes astros del beisbol que integraban el equipo petrolero ¡Esto lo convirtió en un personaje del Campo Merino!

El 20 de julio de 1958 el Campo Merino colmó sus tribunas como pocas veces, día indeleble en la memoria de Poza Rica, cuando los inolvidables Petroleros de Poza Rica FC debutó en el futbol de Segunda División Profesional, después de cumplir los requisitos en la Federación Mexicana de Futbol, ante 7 mil aficionados bajo las lámparas luminosas del pasto jugó por primera vez contra el equipo Ovidio, de Tlalnepantla, Estado de México, juego en el que demostró su calidad y gran potencia, al vencer cinco goles a cero; cabe decir que había debutado una semana antes en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, empatando a dos goles.

La noche de ensueño en el Merino fue aquel sábado 7 de febrero de 1959, cuando las luces iluminaron el partido amistoso de futbol, donde el Santos de Brasil y sus astros, entre ellos el más grande jugador de todos los tiempos, Edson Arantes do Nascimento, conocido en todo el mundo como Pelé, esa noche tuvieron enfrente a la escuadra guinda y gris de los Petroleros de Poza Rica FC. Encuentro que colmó las expectativas de los organizadores, al ser las gradas totalmente insuficientes para la afición local y de la región.

El juego como tal fue de mero trámite amistoso, Pelé con su enorme apología se llevó totalmente los reflectores, en el recuerdo del histórico partido se tiene como innegable memoria la imagen en donde Pelé está en el círculo central del campo franqueado por Blas Caro Benavides, Daniel Salomón Hernández, Don Silvestre Gutiérrez Ramírez, árbitro central, y Couthino, capitán del Santos de Brasil. Aquella noche la afición pozarricense mostró su cordialidad y admiración, al echar porras al ídolo internacional, las que siempre reconoció de forma modesta; el juego lo ganaron los cariocas con marcador de dos goles contra uno.

Las corridas de toros en el Campo Merino no fueron parte de su actividad, pero Mario Moreno “Cantinflas” fue el único torero que se presentó con traje de luces sobre su pasto, el 25 de febrero de 1962 el arte de la tauromaquia se vio en esta ciudad después del revoltijo que causó su arribo a Poza Rica; varias entrevistas, homenajes y finas distinciones que el mimo del cine mexicano tuvo en esta tierra petrolera. El presidente municipal a nombre de la ciudadanía y en pleno que el cabildo aprobó, le entregó la llave de la ciudad.

Por la tarde, dentro de un improvisado redondel y las gradas llenas de aficionados que lo vitoreaban, el desinhibido actor con una gracia sin igual toreo dos vaquillas bravas que disfrutó, anticipadamente Cantinflas en un gesto que dejó impávido a quienes lo presenciaron, ordenó dejar entrar a público que no tuvo para comprar el boleto y estaba afuera, gente que se deleitó cuando le corrió el capote y muleta a los astados con su inimitable estilo cómico, para la delicia de los presentes. De esa forma perpetuó en la historia del Campo Merino su inolvidable y grata presencia.

Luis de la Fuente y Hoyos fue un fenomenal futbolista apodado El Pirata, nacido en el puerto de Veracruz y jugó con los Tiburones Rojos, en el esquema antiguo del futbol se desempeñó como extremo izquierdo con el número 10, posición con la que destacó de forma extraordinaria. El Pirata Fuente empezó su brillante carrera con el equipo Aurrera a la edad de 15 años y más tarde en el Marte, edad en que acaparó los reflectores en este deporte para siempre. Su calidad a los diecinueve años ya era tan alta que fue llamado a la Selección Mexicana, que participó en las eliminatorias para el Mundial de Italia 1934, donde desafortunadamente no fue.

Con una capacidad goleadora y la fuerza de jugador letal para sus contrincantes, El Pirata Fuente fue a España contratado por el Racing de Santander, dejando el antecedente histórico de ser el primer mexicano en jugar en el Viejo Continente, pero al estallar la Guerra Civil Española regresó a México a jugar con el España, de ahí se pasó al América a jugar la Copa, que ganó. De 1939 a 1940 jugó con el Atlético Corrales de Paraguay y la temporada siguiente pasó al Vélez Sarsfield de Argentina, al terminar se regresó a nuestro país y vuelve a ser jugador del Marte; en 1943, el Barcelona de España lo pretende, pero se dio cuenta que los Tiburones Rojos de Veracruz se integran a la Primera División y juega con ellos hasta 1950, dejando constancia en cuatro países y el nuestro de su gran clase.

La FIFA tiene clasificado a El Pirata Fuente en la posición 76 de la lista de los 100 mejores jugadores del Siglo XX, y no en vano fue él quien inspiró la melodía Veracruz, que su amigo y feligrés de farras, Agustín Lara, compuso para celebrar el ser veracruzano. En el año de 1962 vino al Parque Merino como entrenador de los Tiburones Rojos, donde tuvo una eufórica acogida de la afición de Poza Rica, que le brindó una porra en cada grada, al ser tomado del brazo por un aficionado que lo llevaba frente a la noble afición petrolera. Siendo algo insólito en el Merino. Por algo el estadio de Veracruz lleva su nombre, ¡El Pirata Fuente!

Raymundo Zamora Maldonado es un boxeador que destacó entre los estelares de los años 1950 y 1960; fue un magnífico boxeador, muy conocido en el medio boxístico y social como Ray Zamora, su inmensa calidad lo llevó a tener en su palmarés casi cincuenta peleas sin derrota y se convirtió en un estelarista de simpatía de la afición en cualquier arena donde se presentó; nació boxísticamente en El Parque Merino y ahí triunfó, fue ídolo de otro enorme del box pozarricense, José Luis “El Frijol” Madrid, que ha sido el único boxeador de esta ciudad clasificado por los organismos internacionales por su capacidad demoledora y clase mundial, aunado a ellos Fermín “El Gallego” Gómez, papanteco avecindado en Poza Rica y leyenda del box, quienes pelearon en el Merino, atrayendo a Don Ramón Berumen, réferi mundial, todos ellos leyendas que dieron ranking al Merino.

Jack Koyman fue conductor de la dinastía de Los Pilotos Infernales, aquel grupo de profesionales que practicaban con destreza acrobacias extremas en automóvil como recreación familiar, su fama en esta ciudad derivó por un accidente fatal en el Parque Merino en una presentación, aquel domingo se convirtió el coloso de la colonia Obrera en una pista para este espectáculo, dando versatilidad al área deportiva de Poza Rica.

Gustavo Cuenca Friederichsen “El Gato” fue un futbolista que pisó en la década de 1960 el césped del Campo Merino con varios equipos de Segunda División en contra de los Petroleros de Poza Rica, se consagró al ganar en tres ocasiones con equipos diferentes el título y subir a Primera División; en 1960 fue a Monterrey, después en 1962 a Universidad Nacional Autónoma de México, que por su siglas conocemos como UNAM, y en el año de 1967 a los Tuzos de Pachuca, razón por la que el locutor de televisión Ángel Fernández, amante de genialidades, le llamó El Gato de la Suerte, gesta que aún no ha sido igualada en la historia del futbol en nuestro país. Durante el mismo año se presentó en el Campo Merino otra gran personalidad de futbol mexicano, Don Arturo Yamasaki Maldonado, un personaje de enorme calidad internacional como árbitro, Don Arturo llegó para arbitrar un juego de Segunda División en esta ciudad en un partido de los Petroleros de Poza Rica, lo que fue todo un lujo para los aficionados, de disfrutar de un personaje de clase mundial.

Durante la década de 1960 los Petroleros de Poza Rica, de Segunda División Profesional, jugaron contra equipos de jerárquica futbolística, membresías y clubes que contaban con jugadores de gran clase y posteriormente incursionaron a la máxima categoría del futbol, muchos de ellos representaron a nuestro país en la justa más grande de este deporte el Mundial de Futbol, celebrado en diferente países y donde se concentra lo mejor, uno de ellos fue un encuentro amistoso contra el equipo Bonssuceso de Brasil, siendo el césped del Parque Merino uno de los tantos que pisaron con sus grandes dotes, genialidades y calidad.

Jugar o estar en el Parque Merino frente a la afición fue una emoción única, dentro de sus entrañas estuvieron personajes de la política, deportiva y medio artístico de cualquier expresión, entre ellos el Ing. Antonio J. Bermúdez, Antonio M. Quirasco, una destacada actuación la tuvo el inolvidable Pedro Infante, que saturó las gradas en su presentación en ese escenario, en una audición sin precedente en la ciudad.

Los futbolistas Claudio Lostaunau Bravo, Catarino Tafoya Meza, Rubén Macías “La Tripa”, la voz del Merino, el comentarista de TV Ángel Fernández Rugama, aquella constelación de astros del deporte de Poza Rica que le dieron fama al estadio de incontables proezas y récords aún vigentes en la historia del espectáculo.

En el año de 1968 por desafortunadas mal querencias políticas hacia el intelectual de la edificación de esta obra deportiva y otras más, determinaron su demolición, dejando en pocos días fuera de nuestra vista el emblemático estadio y sus gradas sobre las que miles de aficionados vitorearon a los deportistas que jugaron sobre uno de los pastos más añorados para otros; la superficie que dio vida a esa capa vegetal era resultado de un tratamiento topográfico que se comparaba con una mesa de billar ¡Único en miles de kilómetros en su periferia!

A décadas de su desaparición física, aún se añoran los espectáculos de recreación social de gran nivel que jamás han vuelto a nuestra ciudad, menos deportistas de aquella generación con bagaje y palmarés de los más selectos para regocijo de la afición muy conocedora, que evoca aquel imperecedero tiempo en la memoria.

1.- Francisco Alcaraz, Ramón Mendoza, Beto Ávila, Kelo Cruz y Francisco Torrijos, atrás el Ing. Jaime J. Merino.

2.- El escudo de los Petroleros de Poza Rica FC.

3.- Armando de Paredes Valle y Jesús del Muro López, capitanes de Poza Rica y Pachuca, en el Campo Merino.

4.- Petroleros de Poza Rica contra Bonssuceso de Brasil, en el Campo J. J. Merino.

5.- El inoportuno desmantelamiento del Campo Merino.