Académico de la UV comparte reflexión. “Somos testigos de una transformación alarmante del planeta; no basta con admirar la belleza de la naturaleza, tenemos la responsabilidad de protegerla y conservarla”, advierte Maurilio López.
Álamo, Ver.- Este 10 de febrero se cumplen cuatro meses de las devastadoras inundaciones de octubre en la región norte. En este marco, Maurilio López Ortega, oriundo de Álamo Temapache y profesor investigador del Instituto de Biotecnología y Ecología Aplicada de la Universidad Veracruzana, comparte el siguiente análisis que se reproduce de manera íntegra:
Idealizar un mundo donde el ser humano viva en equilibrio con la naturaleza, sin sobreexplotarla ni alterar de forma irreversible sus ciclos vitales, sí es posible, pero exige una profunda reflexión y, sobre todo, acciones concretas. Hoy somos testigos de una transformación alarmante del planeta: el deterioro progresivo de los ecosistemas causado por la actividad humana.
Quienes hemos tenido contacto con la naturaleza desde la niñez o juventud recordamos paisajes abundantes y vivos. Sin embargo, en pocas décadas hemos pasado a escenarios cada vez más degradados: fuentes de agua contaminadas, suelos erosionados y una biodiversidad severamente reducida.
Aunque existen propuestas y aún hay tiempo para actuar, resulta evidente la dificultad para que la sociedad tome conciencia real del problema y adopte un cambio de rumbo colectivo e inmediato.
No basta con admirar la belleza de la naturaleza; tenemos la responsabilidad de protegerla y conservarla. El futuro no está garantizado y serán nuestras acciones individuales y colectivas las que determinen si las próximas generaciones podrán disfrutar de un planeta habitable. Todo está conectado: el aire que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que cultivamos dependen de un equilibrio natural que estamos rompiendo aceleradamente.
EVIDENCIAS DEL DETERIORO AMBIENTAL
Hoy la tecnología permite observar con testimonios claros de distintas regiones del planeta que muestran la destrucción de hábitats naturales, la reducción de especies de plantas y animales, y las consecuencias visibles del cambio climático. El mensaje es contundente: debemos reducir nuestro impacto ambiental, restaurar y conservar la biodiversidad, utilizar energías limpias y consumir de manera responsable.
Estos cambios, aunque parecen grandes, comienzan en lo cotidiano con lo que comemos, compramos y cómo nos desplazamos, y cómo exigimos a nuestros gobiernos políticas ambientales responsables.
EL CASO DE ÁLAMO TEMAPACHE, VERACRUZ
La reciente inundación en la ciudad de Álamo Temapache, Veracruz (octubre 2025) evidenció de manera clara la relación entre la actividad humana y los desastres naturales. Más que ver a la naturaleza como una fuerza destructiva, este evento mostró la urgencia de replantear nuestra relación con el entorno.
Tras la inundación, surgieron propuestas como el dragado de ríos y arroyos, la reforestación con especies nativas y otros proyectos de restauración ambiental. Sin embargo, es fundamental que estas acciones no se queden solo en notas periodísticas que la gente olvida fácilmente. No es solo responsabilidad del gobierno municipal, estatal y federal, sino también de nosotros como ciudadanos exigir y acatar las medidas se lleven a cabo.
DEFORESTACIÓN E INUNDACIONES EN EL NORTE DE VERACRUZ
La deforestación de las selvas tropicales en el norte de Veracruz tiene un impacto directo en el aumento de inundaciones. Esto ocurre por varias razones:
• Pérdida de cobertura vegetal: sin árboles, el suelo pierde su capacidad de absorber agua, provocando escurrimientos rápidos hacia ríos y arroyos.
• Erosión del suelo: la falta de raíces deja el suelo expuesto, que es arrastrado por la lluvia y azolva los ríos, reduciendo su capacidad.
• Alteración del ciclo hidrológico: las selvas regulan la humedad y las lluvias; al desaparecer, las precipitaciones se vuelven más intensas y descontroladas.
• Pérdida de servicios ecosistémicos: se elimina la capacidad natural de filtrar agua, amortiguar lluvias y regular caudales.
Todo esto incrementa la vulnerabilidad de las comunidades humanas ante eventos climáticos extremos.
EL “DESIERTO VERDE” Y LA PÉRDIDA DE BIODIVERSIDAD
Uno de los impactos más visibles en los alrededores de Álamo es la sustitución de ecosistemas naturales por miles de hectáreas de monocultivos de cítricos, lo que crea un “desierto verde”. Aunque aparentan ser áreas verdes, estos cultivos jamás cumplirán las funciones ecológicas de una selva.
La biodiversidad se ha reducido drásticamente y los espacios naturales prácticamente han desaparecido. Esto no solo afecta a los animales, sino también a las personas, ya que al destruir los ecosistemas rompemos el equilibrio del cual dependemos para sobrevivir.
PROGRAMAS GUBERNAMENTALES Y CONSECUENCIAS NO PREVISTAS
El programa “Sembrando Vida” ha sido objeto de controversia, ya que, en algunas regiones como Veracruz, ha contribuido indirectamente a la deforestación. Aunque su objetivo es la reforestación y el apoyo a productores rurales, se han documentado casos donde comunidades talaron los últimos remanentes de selva para cumplir con los requisitos del programa.
La eliminación de la cubierta vegetal ha provocado una mayor erosión del suelo y un aumento del material arrastrado por las lluvias, algo que no es natural, sino consecuencia directa de la deforestación. En contraste, experiencias como la selva de los Chimalapas, en Oaxaca, demuestran cómo un ecosistema conservado permite que el agua se infiltre y escurra de manera limpia, incluso durante lluvias intensas y prolongadas. Si volviéramos a contar con esas selvas que existían en los alrededores de la ciudad de Álamo y se extendían hacia la zona montañosa, seguramente las pérdidas de bienes y lo que padeció la población habrían sido mínimos.
UNA ADVERTENCIA HISTÓRICA
A nivel nacional e internacional se difundieron imágenes impactantes de la reciente inundación en la ciudad de Álamo, lo que deja claro que nuestro ecosistema ha sido gravemente alterado y ha contribuido al cambio climático. Las inundaciones en Álamo no son un hecho aislado. Se recuerdan eventos similares en 1955, 44 años después en 1999 y nuevamente en 2025, tan solo 26 años después, con intervalos cada vez más cortos. Aunque los expertos no pueden predecir con exactitud cuándo ocurrirá la siguiente, coinciden en que el tiempo entre estos eventos continuará reduciéndose y que sus consecuencias serán cada vez más devastadoras si no se toman medidas.
Esto no es solo una tragedia ecológica, sino una amenaza directa para el bienestar humano. La pregunta es inevitable: ¿somos capaces de actuar antes de que sea demasiado tarde?
PROPUESTAS PARA UN FUTURO SOSTENIBLE
Para evitar futuras inundaciones y frenar la deforestación, es necesario implementar acciones como:
• Reforestación con especies nativas y conservación de cuencas.
• Limpieza y mantenimiento regular de ríos y arroyos.
• Ordenamiento territorial y evitar construcciones en zonas de riesgo.
• Sistemas de alerta temprana y monitoreo ambiental.
• Educación ambiental y participación comunitaria.
• Promoción de actividades económicas sostenibles.
• Vigilancia y sanciones efectivas contra la tala ilegal.
Conclusión
Debemos recordar que nosotros somo parte de la naturaleza; o sea. dependemos completamente de ella para vivir. Ahora no se trata de “salvar al planeta” como algo ajeno, sino de cuidarlo porque es nuestro hogar. Si seguimos destruyendo nuestro entorno, nos destruimos a nosotros mismos.
Aún hay esperanza, pero solo si transformamos la conciencia en acción para restaurar y conservar el ambiente donde vivimos y donde crecerán las nuevas generaciones.
Autor:
MAURILIO LÓPEZ ORTEGA
Profesor investigador del Instituto de Biotecnología y Ecología Aplicada (INBIOTECA), Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz, México
