El Ejecutivo de coalición alemán ha aprobado este viernes un multimillonario plan para hacer frente al cambio climático durante los próximos años, según fuentes gubernamentales citadas por la agencia France Presse (Afp). «Hay un acuerdo con muchas medidas y un mecanismo de verificación anual» para garantizar que se cumplen los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero.
Angela Merkel se jugaba con este paquete su legado como canciller del clima. El transporte, la agricultura o la vivienda son solo algunos de los sectores que se verán afectados en la primera economía europea por un abanico de medidas que, según Reuters, suma al menos 50.000 millones de euros. La cuantía total, sin embargo, aún no está clara. Está previsto la canciller Merkel detalle las medidas esta tarde, tras el Consejo de Ministros.
El tramo último de las maratonianas negociaciones que duraron más de 16 horas coincide con una gran protesta global por el clima convocada por Fridays for Future (Viernes por el Futuro) en todo el mundo y que en Alemania se esperaba multitudinaria. Según los organizadores citados por EFE, 80.000 personas acudieron a la marcha de la capital de Alemania. Los estudiantes, que se manifiestan todos los viernes en diversas capitales, han pedido en esta ocasión al resto de la sociedad que se implique y secunde su marcha. Sindicatos, la iglesia evangélica y una legión de empresas apoyan en Alemania la movilización de este viernes.
Esta es probablemente la gran iniciativa política de esta legislatura, la última de la canciller Merkel. Los planes para refundar Europa y el resto de retos globales han quedado poco menos que en papel mojado, en una Alemania al borde la recesión y falta de tracción política. Eso, de puertas para afuera. En casa, la gran coalición que los conservadores del bloque de Merkel (CDU/CSU) comparten con los socialdemócratas (SPD) se tambalea y amenaza quiebra, debido en parte a la profunda crisis que atraviesa el socio minoritario. A final de año, además, los socios de la gran coalición tienen previsto hacer balance y decidir si merece la pena seguir adelante juntos. Por eso, este paquete del clima resulta decisivo también desde un punto de vista politico. “Hoy es el día del año para la política alemana”, se leía el jueves en la edición digital de Der Spiegel. “La coalición pelea esta semana no solo por el clima, sino sobre todo por su propia supervivencia”, añadía la publicación.
La iniciativa resulta vital para un Gobierno que necesita demostrar que funciona y que es capaz de producir resultados tangibles en un país en el que la crisis climática se ha convertido en la primera preocupación ciudadana. Su alumbramiento está previsto además, tres días antes de que Naciones Unidas celebre en Nueva York la cumbre del clima, donde, si finalmente se aprueba el paquete, Merkel podría volver a ejercer un liderazgo ambientalista, después de haber hecho los deberes en casa, o al menos sentado las bases para hacerlos.
Lo cierto es que de momento, el aura ambientalista de la que fuera bautizada como “canciller del clima” palidece. Merkel decretó el cierre de las nucleares, puso en marcha una mastodóntica transición energética y se enfrentó al negacionismo climático de Donald Trump. Pero lo cierto es que la canciller no ha estado a la altura de su reputación y sus palabras. Si Berlín no hace nada por revertir la situación actual, Alemania, el sexto país del mundo que más CO2 escupe a la atmósfera, reconoce que incumplirá sus objetivos de reducción de un 40% de sus gases de efecto invernadero para 2020 comparado con los niveles de 1990 y que va camino de incumplir su compromiso europeo de reducción del 55% para 2030.
Poner precio a las emisiones de CO2 en el sector del transporte y de la construcción y establecer un mecanismo de comercio de las emisiones es una de las medidas estrella y también un punto de desencuentro entre los miembros del Gobierno. El partido socialdemócrata prefiere fijar una tasa para el dióxido de carbono, a la que los conservadores se han opuesto: la CDU opta por poner precio y comerciar con las emisiones contaminantes.
Encarecer los vuelos nacionales al tiempo que se reducen los billetes de tren y del transporte público en general es una de las medidas que se prevé que incluya el paquete. Los políticos alemanes también barajan subir los peajes a los coches más contaminantes, incentivar los eléctricos, prohibir la calefacción de gasóleo a partir de 2030 o la adaptación de la agricultura a prácticas bajas en emisiones son algunas de las medidas puestas sobre la mesa de negociación.
